Noticias del español

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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Viernes, 29 de diciembre del 2006

SIGNIFICADOS

Hemos hablado aquí de pernil (= muslo del cerdo). Mª Paz Velázquez comenta que, en su familia, el pernil es también cada una de las dos partes de los pantalones. Añado que, en mi familia, siempre se ha llamado pernera.


José Félix Talegón (Madrid) se queja del uso que se hace de plausible como «posible», cuando su verdadero sentido es «merecedor de aplauso». Es cierto, pero estamos ante un nuevo caso en el que una misma palabra puede manifestar varios significados. El DRAE y el DEA (Manuel Seco) no trae más que una significación para plausible, la que proviene del latín: «merecedor de aplauso, admisible». Eso es lo correcto. Sin embargo, la penetración del inglés es tan fuerte que el uso consagra otro sentido: «probable». Si somos finos, nos tendremos que quedar con la única significación latina. Pero, si queremos vivir en el mundo, habrá que aceptar la influencia anglicana. Una vez más, en cuestiones de lenguaje el uso manda. No dejar de ser curioso que, si algo es probable que suceda, por eso mismo se va a considerar como deseable. Esa confusión de planos (posibilidad y deseo) es parte de los valores de nuestro tiempo. A mí personalmente me molesta, pero tengo que coexistir con esa confusión.

A propósito de las palabras para referirse a los varones (o animales machos) con un solo testículo. Andrés Prieto me informa sobre la versión asturiana de ciclán: rancoyu. Dicha voz admite todas estas variaciones: rancochu, rencochu, rincochu, roncochu, rancuyu, rancoyo, roncoyu, rincoyu, rezcoyu, razcoyo, rezcoyo, rancoxu. «El significado en general es "de un solo testí­culo", aunque según en qué zonas también puede significar: capado, mal capado, cojo, endeble, encogido, apocado, pequeño…» Definitivamente, se impone la unificación de los bables.

Justo López de Lerma (Collado Villalba, Madrid) certifica que la voz rencallo (= un solo testículo) se utiliza también en la Siberia Extremeña. Puede ser una consecuencia de la trashumancia.

Gabriel Moncelián Arsuaga (Cantabria) aporta la voz ruincojo para el macho con un solo testículo en posición normal. En el Diccionario del castellano tradicional de César Hernández Alonso recoge esa acepción, con las variantes de rencojo o rancojo.

José María Navia-Osorio comenta la tablita de términos para la pérdida de los cinco sentidos:

No me convence nada la tabla de nombres de las faltas de sentidos. En mi opinión es sólo una definición académica que generalmente no se usa. Por ejemplo, la falta del sentido de la vista se llama «ceguera» o si queremos recurrir al esoterismo (con «s») le llamamos «amaurosis». Los oculistas hablan de déficit de agudeza visual para las faltas parciales de visión. «Anopsia» se usa poco, en cambio se dice bastante «hemianopsia» en algunas situaciones especiales como «hemianopsia lateral homónima» pero comprenderá que una situación médica tan rara se merece un nombrecillo así de complicado. A la falta del sentido del oído se le llama «sordera» en lenguaje normal y «cofosis» en lenguaje médico. Sí se usa en cambio el término «hipoacusia» para los pacientes que oyen poco, pero oyen. Lo de anacusia nunca se lo oí decir a mi santa esposa que es otorrino u otorrina; claro que si ella fuera otorrina yo sería internisto y no internista. En cambio sí usamos ageusia e hipoageusia y anosmia para el gusto y el olfato. Lo de anafia no lo oi nunca, me da la impresión de que médicamente es imposible porque el sentido del tacto se recibe por distintas vías y es imposible lesionarlas todas y seguir con vida.

Cándido Alvarado Muñoz me pide una explicación clara de esa moda de evitar el masculino genérico para decir «los niños y las niñas, los vascos y las vascas», etc. No tiene más explicación que el mimetismo del lenguaje «políticamente correcto» que nos llega de lo peor de la tradición norteamericana. Y eso que en inglés casi todos los sustantivos son neutros. Una excepción curiosa es la de los nombres de barcos, aviones, locomotoras, aeronaves y similares, que son femeninos. Pero cuando hay dos palabras, una para el sexo masculino y otra para el femenino, la moda impone que se digan los dos. Por ejemplo, men and women (= varones y mujeres). En cambio, en español la voz «hombres» -proveniente del latín- quiere decir tanto «varones» como «mujeres». Pero es igual. La moda se impone y también en el español convencional hay que decir «hombres y mujeres». A veces se elige un término abstracto que implica los dos sexos; por ejemplo, la «ciudadanía», para no tener que recurrir al horrísono «ciudadanos y ciudadanas». El «personal» suple muy bien a «trabajadores y trabajadoras». Lo malo, ay, es que «el personal» es también masculino. Es decir, en español los nombres suelen tener género. Lo peor de todo es cuando «género» se quiere hacer equivalente de «sexo femenino». Ahí la confusión empieza a ser oceánica. Por ejemplo, cuando la «violencia de género» indica la «violencia contra las mujeres». Lo más divertido de todo es que la moda norteamericana que digo prende sobre todo en las mentes atravesadas de odio a los Estados Unidos.

Herrero me comunica que maquietista es el personaje de una revista o espectáculo de variedades que interpreta un sketch o número cómico.

Una cuestión debatida es el nombre de la parte inferior del altar. Quedamos en que era pradela, pero Jesús Ibáñez arguye que esa voz es en italiano. El equivalente en español es banco. Pone como ejemplo un retablo de Rafael que está en el Prado. La obra central trata de la Anunciación, pero en la parte inferior (banco) se muestran unas escenas más pequeñas sobre la vida de la Virgen.

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