Noticias del español

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| Lucila Castro
lanacion.com.ar, Argentina
Viernes, 26 de septiembre del 2008

SI RECHINAN LOS OÍDOS, HAY QUE HACERLES CASO

«Cada vez que voy al supermercado cerca de la hora de cierre, oigo cuando una empleada anuncia por los altavoces que "los envíos a domicilio se recepcionan hasta las 20 horas". También muchos periodistas suelen utilizar el término recepcionar . Personalmente, ¡me rechinan los oídos!


Si existe el verbo recibir, ¿de dónde surge recepcionar? ¿Es correcto? ¿O el uso y el abuso lo impusieron?», escribe Verónica G. K. de Álvarez de Toledo.

*Recepcionar surge de recepción como solucionar surge de solución, razonar surge de razón, ocasionar surge de ocasión y reflexionar surge de reflexión. No es la forma como está construido ese verbo lo que hace rechinar los oídos, pues en nuestra lengua es normal derivar verbos en -ar de sustantivos en -ción, -zón , -sión y -xión (derivados, a su vez, de otros verbos), sino el hecho de que se inventen términos rebuscados (recepción ya es más rebuscado que recibir y, consecuentemente, *recepcionar es más rebuscado que los otros dos), a menudo innecesarios (puesto que existe el verbo simple), y, sobre todo, la posibilidad de que con esos engendros se inicie una cadena interminable de derivados de derivados, pues del verbo nuevo podría derivarse otro sustantivo de acción, del cual podría derivarse otro verbo, y así hasta el infinito.

A veces el derivado es necesario porque el verbo simple no se ha conservado. Por ejemplo, el verbo solver ha caído en desuso y, si bien existe el también derivado resolver, solucionar es más preciso. Solucionar, por supuesto, no puede considerarse un neologismo, pues se usa desde hace mucho en español, pero lo que legitima las creaciones nuevas es que aporten un significado más limitado, más preciso que el del verbo original, correspondiente a una de las acepciones del sustantivo, no a todas las del verbo original.

Promocionar, por ejemplo, no significa exactamente lo mismo que promover, ni conmocionar significa lo mismo que conmover.

Pero *recepcionar no tiene otra pretensión que reemplazar a recibir, como si fuera más elegante, cuando en realidad es todo lo contrario. Dice al respecto el Diccionario panhispánico de dudas: «A pesar de su frecuencia en el lenguaje administrativo y periodístico, se trata de un neologismo superfluo, pues no aporta novedades con respecto al verbo tradicional recibir: *"Permite enviar y recepcionar todo tipo de impresos" (Clarín [Arg.] 10.4.79); *"Levantó un centro alto que Orvin Cabrera recepcionó perfecto" (Prensa [Hond.] 3.3.97); *"Se recepcionan hasta 40 ó 50 llamadas diarias" (Expreso [Perú] 1.8.87)».

Y en estos casos, el rechinar de los oídos es la mejor señal de rechazo, pues para hablar bien el primer órgano que hay que usar es el oído, después el cerebro y solo en último término el aparato fonatorio.

Milagros

Escribe el abogado José Miguel Rojas Aguilar:

«El día 11 se publicó una nota titulada "De Angeli se salvó de milagro". De es una preposición que denota posesión o pertenencia; por , en cambio, se usa, entre otras opciones, para denotar la causa de un acontecimiento. En este caso, se debió escribir que De Angeli se salvó por milagro. La correcta utilización del lenguaje en los medios de comunicación contribuye a la educación de los chicos, que en algunas oportunidades se desorientan con lo que oyen y leen, por un lado, y lo que les enseñan los docentes, por el otro.»

El título censurado por el lector es correcto. La preposición de indica una gran variedad de relaciones. Aunque muy frecuentemente denota posesión, su significado básico no es ese, sino origen o procedencia. Y la idea de causa se puede indicar figuradamente como el «lugar» de origen de un hecho. Así la define el Diccionario de la Real Academia Española : «Denota la causa u origen de algo». Y da como ejemplo: «Murió de viruelas». Más aún: con el sustantivo milagro, esta es la forma usual de construir un complemento de causa, tanto que el DRAE define de milagro como 'locución adverbial usada para expresar que algo ha ocurrido cuando parecía imposible que ocurriese, o que no ha ocurrido cuando todo hacía creer que iba a suceder'.

Impersonal

«En edición digital del domingo 14, leo: "Cafiero logró el milagro de unir al PJ. En su cumpleaños hubieron duhaldistas, kirch- neristas y menemistas». Entiendo que la expresión correcta sería "hubo duhaldistas"», escribe Osvaldo Di Nardo.

En efecto, es una norma que casi todos conocen, pero en el momento de aplicarla muchos la olvidan. Cuando denota presencia o existencia, el verbo haber es impersonal y el sustantivo o construcción sustantiva que lo acompaña no es sujeto, sino objeto directo. Como impersonal, el verbo va siempre en tercera persona del singular, y el objeto directo puede ser reemplazado por las formas átonas del pronombre personal correspondientes al objeto directo: lo, la, los, las. En el caso citado por el lector, se puede decir: «los hubo».

Este error tan frecuente proviene, posiblemente, del hecho de que otros verbos de significado parecido, como estar y existir, son personales y concuerdan con el sustantivo que los acompaña porque ese sustantivo es sujeto, pero el que tengan significado parecido no implica que se construyan igual.

Cegueras

Desde Rosario, escribe Oscar Bernabé:

«He leído y oído muchas veces los términos obcecado/-a y obcecación. El lunes 8 lo he visto en su columna («Pero tanto insistieron esas obcecadas mujeres…»). Me llama la atención no encontrarlo en el DRAE, por lo que me pregunto su origen, significado y uso.»

Obcecado no está en el diccionario porque es un participio. Las formas verbales deben buscarse por el infinitivo, en este caso obcecar. Pero el sustantivo obcecación sí figura y está definido como 'ofuscación tenaz y persistente'. Obcecar viene del latín obcaecare, que es un compuesto de caecare, 'cegar' . Obcecar también significa 'cegar', pero se usa en sentido figurado, no como ´quitar la vista' , sino como 'turbar el entendimiento' , como ofuscar, que en sentido material significa 'oscurecer' pero es más usado figuradamente como 'confundir las ideas'.

Cegar, como el adjetivo ciego (del latín caecus), sufrió los cambios fonéticos y por eso sonorizó la en g y diptonga en los presentes. Obcecar es un cultismo y por eso conserva la c y se conjuga regularmente (no diptonga).

No hay que usar obcecado en el sentido de 'obstinado' ni 'ofuscado' en el sentido de 'fastidiado' . Esos estados pueden acompañar la obcecación u ofuscación como consecuencias de ella, pero no son los conceptos que esas palabras propiamente denotan.

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