Noticias del español

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| Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión
cubanet.org, Cuba
Miércoles, 7 de febrero del 2007

SEXO Y LENGUAJE

Existe una tendencia en ciertos círculos a reconocer el empleo de un lenguaje sexista, lo que implica el reconocimiento de las condiciones de dominación reproducidas durante muchos siglos por una cultura patriarcal.


Se trata del empleo del masculino al definir profesiones u oficios que actualmente desempeñan igualmente mujeres y hombres. El ejemplo más socorrido es la palabra chofer.

En el presente, aún cuando millones de mujeres conducen un vehiculo automotor, continuamos nombrándolas con el vocablo «chofer». Hasta ahora mismo, jamás he escuchado decirles «chÓfera» o «choferesa». Mientras, ante la proliferación de féminas en las barberías cubanas, he escuchado con frecuencia el empleo de la palabra «barbera».

Es conocido de todos los hispanohablantes que en nuestra lengua el plural masculino incluye al género femenino. Así, cuando decimos los hombres con sentido abarcador de «humanidad» se incluyen las mujeres.

Al buscar en el diccionario de la Real Academia Española, encontré que la primera acepción de la palabra hombre expresa lo siguiente: «hombre: ser animado racional, hombre o mujer». Sin embargo, en cuanto a la definición de las féminas anotan: «mujer: persona del sexo femenino», lo que excluye la racionalidad en la mujer, por lo que observo. En el caso de mujer de gobierno, apunta el diccionario, significa: «criada que tenía a su cargo el gobierno de la casa». Mientras un «hombre público» es alguien que tiene presencia o influjo social, la «mujer pública» es una prostituta.

Un caso parecido ocurre con la palabra jefe y el femenino correspondiente jefa. Veamos que la primera significa «superior o cabeza de una corporación, partido u oficio». En tanto, el femenino posee la significación de «superiora o cabeza de un cuerpo u oficio. Mujer del jefe.»

Estimo que con estos ejemplos es suficiente para darnos cuenta de hasta qué punto la lengua marca la división de los roles de género. Lo que hace el hombre y lo que hace la mujer, según los convencionalismos sociales marcados.

Pero hay que tener cuidado si usted desea tomar en cuenta esta cuestión del género en el lenguaje, porque lo que sería incorrecto es inventar disparates al apartarse de las reglas gramaticales al uso.

Por eso, acudo a consultar un buen libro: El estilo del periodista, de Alex Grijelmo, quien en la página 506 trata el tema del origen del género.

Grijelmo parte del hecho de que los géneros del español tienen como antecedentes los empleados en el latín. Observa que en la evolución del español el sistema de tres géneros (masculino, femenino y neutro) se ha quedado en dos, masculino y femenino. Para concluir, el autor admite que «muchas de las caprichosas formaciones del femenino proceden simplemente de la genética gramatical, consecuencia de la desaparición del neutro latino y de la adaptación de las declinaciones de aquel idioma».

En lo que respecta al uso que se da en la prensa al tema que nos interesa, hay mucha tela por donde cortar, por ejemplo: evitar el uso de palabras asimétricas, por ejemplo no es igual decir «un hombre de vida fácil» que lo mismo de una mujer. Debemos evitar además el empleo del vocablo hombre como un genérico singular, por ejemplo: «los derechos del hombre» en lugar de «los derechos humanos», o emplear «el hombre de la calle» cuando se debe decir «la gente de la calle», o «los niños» a la hora de hablar de «la infancia» que sí agrupa a las niñas y los niños.

También se debe evitar escribir sobre «la mujer de…» y en su lugar decir «la esposa de…». Entonces, para evitar la exclusión del femenino en los medios de comunicación se propone cambiar, el hombre por la humanidad. Y así:

La inteligencia del hombre. La inteligencia humana

El trabajo del hombre. El trabajo humano

El hombre de la calle. La gente de la calle

A la medida del hombre. A la medida de la gente

De esta forma emplearíamos un lenguaje incluyente y no uno que escondiera la presencia del género femenino. Además de expresarnos bien al usar correctamente el idioma.

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