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| Milenio, México
Viernes, 29 de septiembre del 2006

SERRANO MIGALLÓN A LA ACADEMIA DE LA LENGUA

El abogado y director de la Facultad de Derecho de la UNAM ingresará formalmente a la prestigiosa institución en lugar de Salvador Díaz.


A los 14 años Fernando Serrano Migallón padeció una afección cardiaca. Eso lo obligó a estar en cama por un año: «como no teníamos televisión en casa, la gente empezó a regalarme libros», cuenta.

Ese año de lecturas de Salgari y Verne, entre otras, fue el arranque de lo que después desarrolló como «la afición de mi vida»: el aprecio por el lenguaje, su funcionalidad y su belleza. Gozo que lo conducirá el próximo jueves a usar la silla XI de la Academia Mexicana de la Lengua.

Rodeado de tarjetas que plaga de líneas curvas y rectas, en la dirección de la Facultad de Derecho, su oficina, Serrano Migallón conversa con MILENIO sobre su ingreso a la Academia y adelanta que su discurso de ingreso enfatizará «la relación entre las palabras y los valores, las palabras como urnas que guardan valores. Un valor que ya no se dice es como si no hubiera existido».

¿Por qué es importante hablar bien?

Por dos razones, si uno habla bien es mucho más fácil darse a entender, si uno emplea las palabras precisas de la forma precisa es mucho más fácil que los demás nos entiendan y nosotros entender a los demás. Después, hay un valor estético, es mucho mejor leer un libro bien escrito.

¿Sugeriría una estrategia para la educación básica?

Si fuera una política de estado, que no lo es. No hay una política general del Estado en relación con el idioma y con la lengua. Es fundamental que en la educación básica se enseñe a los niños la importancia que tiene hablar bien y a apreciar la lectura.

Quienes damos clases en el nivel superior nos damos cuenta de lo poco que se lee ahora en México.

¿Qué otros valores deberían rescatarse en torno al lenguaje?

La comunicación de todas las lenguas, unas con otras, cómo están evolucionando y cómo se están relacionando. No soy de los partidarios de tratar de tener aislada una lengua; primero, porque es inútil, pero sí tenemos que estar pendientes de cómo se van interrelacionando unas y otras.

¿Cómo resarcir la gran deuda con las lenguas originales en México, que se están perdiendo?

Hay que protegerlas y evitar que sigan desapareciendo, no verlas como pieza de museo sino como idiomas vivos y vitales que tienen un factor de unidad, de identidad de los pueblos, son valores que nos pertenecen a todos, no sólo a ellos. Cada vez que se pierde una lengua original, la pérdida es para todos.

¿No le sucede a menudo que la gente se cohíbe ante usted sabiendo que se preocupa por el buen hablar?

Sí, sobre todo cuando la gente va teniendo mi edad y las palabras no llegan con la velocidad que llegaban antes, pero creo que una expresión de belleza del idioma es hablarlo con naturalidad, un idioma muy artificial que no hablamos nosotros normalmente no es un idioma hermoso.

Hicieron un experimento en España con el español neutro, aquél que no tenía giros ni palabras que no se usaran en todos los países de habla española y donde el acento fuera el más parejo posible, de tal manera que las telenovelas se pudieran ver en varios países hispanoparlantes sin que llamaran la atención.

Aquello resultó una cosa espantosa, porque era una cosa amorfa, plana y sin sentido. Debemos proteger y apreciar las diferencias que hay entre uno y otro español.

Se dice que la palabra ha perdido valor, en los medios de información y en la política ¿Es cierto?

Creo que hay cada vez más muletillas, por ejemplo, entre los jóvenes, güey. Eso sí hay que evitarlo, le da pobreza al idioma y nos quita posibilidades mucho más amplias de precisar qué es lo que se quiere. Todo idioma es insuficiente para decir lo que uno quiere decir, o sea los sentimientos son mucho más ricos que cualquier lengua y eso hace que exista la posibilidad de crear la belleza con el arte.

Pero si además lo vamos reduciendo y nos quedamos con 8 palabras para decir una serie de cosas distintas se empobrece el idioma y nuestras posibilidades de comunicación.

Ryszard Kapuscinski dice que los periodistas usamos un promedio de mil palabras

Sí, son pocas, pero por ejemplo, los españoles han hecho una cosa muy interesante: han hecho la Fundación del Español Urgente (FUNDÉU) apoyada en la Real Academia Española de la Lengua y que se va a establecer en América Latina. Consiste en abrir una línea telefónica para que los periodistas que tienen duda en una palabra puedan llamar inmediatamente para que les resuelvan sus dudas y así tratar de evitar errores.

Usted ha propuesto pensar en los aspectos jurídicos del idioma ¿Qué se entiende por ello?

Un aspecto es la manera en que el derecho puede ayudar a defender el idioma, que es todo lo relacionado, por ejemplo, con el derecho cultural y que va más allá de lo que los americanos llaman la industria de la diversión.

Se refiere a toda la forma de protección de la obra literaria, cinematográfica y artística; en eso, el derecho puede colaborar mucho. Otra forma es que la claridad penetre en los textos legales; hay unos textos jurídicos que salen del Poder Legislativo, por ejemplo, las leyes fiscales, que realmente son ininteligibles para quienes van dirigidos.

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