En el año 236 a.C., Ptolomeo III le solicitó a Eratóstenes, matemático, astrónomo y geógrafo griego, que se hiciera cargo de la Biblioteca de Alejandría. Eratóstenes murió a la edad de 80 o de 82 años, no se sabe con certeza, aunque sí se sabe que por entonces había perdido la vista. Los dioses del Olimpo, igual que el Dios de Groussac y de Borges, con magnífica ironía, le dieron los libros y la noche. En el 194 a.C., Eratóstenes convocó a Aristófanes de Bizancio para que se hiciera cargo de la célebre Biblioteca. No se equivocó en la elección: Aristófanes de Bizancio, considerado uno de los primeros filólogos, editó y difundió las obras de Homero, Hesíodo, Eurípides, Aristófanes y Píndaro e incorporó tres tipos de marcas que ayudarían a la mejor lectura de los textos de esos sabios y poetas. Esas marcas de algún modo estaban preanunciando los signos de puntuación: la línea alta indicaba el final de una frase, la media podría vincularse con el punto y coma o los dos puntos, y la baja equivaldría a una coma. Este sistema fue incorporado por los romanos y posteriormente, por medio del latín, se trasladaría a las futuras lenguas romances: español, italiano, francés, catalán, portugués, sardo.
Según cuenta en el capítulo III del libro VII de sus Confesiones, en el año 383 San Agustín llegó a un monasterio situado en los extramuros de Milán, allí conoció al obispo Ambrosio quien «cuando leía sus ojos recorrían las páginas y su corazón entendía su mensaje, pero su voz y su lengua quedaban quietas». No debe asombrarnos el asombro del santo: era la primera vez que veía a alguien leyendo en silencio. Hasta ese momento, la lectura forzadamente se realizaba en voz alta: el texto plasmado sobre la página carecía de signos de puntuación y las palabras, escritas en mayúscula, estaban unidas entre sí. El párrafo, que acaban de leer, se hubiera visto así:
SANAGUSTINENSUSCONFESIONESHABLADELAVISITAQUEEN383HIZOAMILANDONDESEENCONTRARIACONELOBISPOAMBROSIOYREVELAELASOMBROQUEAMBROSIOLEPRODUJO.
[...]
Leer más en telam.com.ar




