Noticias del español

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| Efraín Osorio
lapatria.com, Colombia
Martes, 27 de enero del 2009

SE LOS DIGO, ADONDE-ADÓNDE, APOTEGMA, CUMPLIMENTAR

En la frase del periódico de Bogotá, el pronombre los está sustituyendo a un elemento singular de la oración, por lo cual está violando las normas de la concordancia.


Aunque inaceptable, es entendible y hasta explicable que las señoras o señoritas que leen las noticias en los canales de la televisión usen el pegadizo giro se los digo; pero no es explicable, ni entendible ni, mucho menos, aceptable, que el editorialista de El Tiempo caiga en semejante desatino.

De la siguiente manera garabateó: «… se dan el lujo de transitar por las vías del país, porque la laxitud de las sanciones se los permite» (I-12-09). Que estos dos ejemplos sirvan de explicación: —¿Qué hizo usted con ‘el libro’ que acabó de leer? —Se ‘lo’ regalé a un amigo. —¿Qué hizo usted con ‘los libros’ del semestre pasado? —Se ‘los’ regalé a un estudiante necesitado. En el primer caso, ‘lo’ es complemento directo singular, pues como pronombre, reemplaza a ‘libro’; en el segundo, en cambio, el pronombre tiene que ser plural (‘los’), puesto que reemplaza a ‘libros’, complemento directo plural. En la frase citada del periódico de Bogotá, el pronombre ‘los’ está sustituyendo a un elemento singular de la oración, a saber, ‘el transitar’, por lo cual está violando las normas de la concordancia. En todos estos casos, la partícula ‘se’ es la forma de dativo (complemento indirecto) de tercera persona (singular o plural), masculino o femenino: «se lo adjudicaré (el lote)», «se la adjudicaré (la casa)» (a él o a ellos; a ella o a ellas). Elemental.

En cuanto a la norma objeto de esta parrafada, yo me sostengo en mis trece, a pesar de lo que anota Emilio M. Martínez Amador, sin expresar si lo aprueba o no, en su Mega Gramatical: «El habla popular apela a establecer el género y el número de ‘se’ en el otro pronombre con que se junta, y en vez de “se lo dice a ellos”, construye “se los dice”, lo cual tiene su antecedente en el tiempo preclásico». En el ‘habla popular’, señor, también se dice ‘haiga’, ‘hubieron fiestas’ y ‘a nivel de las células’…

El adverbio adonde es un compuesto de la preposición a y del también adverbio donde, y significa siempre 'el lugar hacia donde se dirige alguien', por ejemplo: «Con las dos ya dichas doncellas se vino ‘adonde’ don Quijote estaba» (I, III). Razón por la cual puede ser reemplazado por los giros a donde, hacia donde y para donde. Está, pues, mal empleado en la siguiente oración del columnista de El Tiempo, Pedro Shaio, al hablar del currículum vitae del nuevo presidente de los Estados Unidos: «… siguió a las universidades de California, Columbia e, inclusive, Harvard, adonde presidió el ‘Harvard Law Review’…» (I-20-09). Por la naturaleza misma del adverbio adonde, la última parte de esa oración debió ser construida sin él, usando en cambio la locución en donde, así: «… en donde presidió…».

Aparentemente, al columnista le encanta la preposición a, pues en el mismo artículo escribe: «¿A razón de qué la vida de un hombre le va a pertenecer a otro?». Aun el oído rechaza tal construcción. El giro a razón de, según el diccionario de María Moliner, se usa 'con referencia a una distribución, correspondiendo la cantidad que se expresa a cada una de las cosas de que se trata': ‘Repartimos a razón de cinco por cabeza. Se paga a razón de mil pesetas por día’». Entonces, la pregunta que formula atinadamente el periodista Shaio es castiza si formulada de la siguiente manera: «¿Por qué razón la vida de un hombre le va a pertenecer a otro?». O de ésta: «¿En razón de qué…?». Nota: el adverbio adónde, así, con tilde, es sólo interrogativo.

Apotegma, señor Montoya, no es sinónimo de calificativo. De esta manera se despachó el doctor César Montoya Ocampo: «Con su léxico irreverente, quiso estampillar a los que consideraba dueños de gratuitos privilegios, como el blancaje, particularizando con este apotegma a los ricos de Manizales» (LA PATRIA, «Barco, post mortem», I-22-09). Ello es que apotegma es un 'dicho en que se contiene una norma de conducta; se llama así, particularmente, cuando es debido a un pensador o escritor' (M. Moliner). Sus sinónimos son máxima, aforismo, proverbio, sentencia, etc. Los de blancaje, en cambio, serían nombre, apelativo, calificativo, sobrenombre, mote, apodo, etc. ¿Si ve, doctor, lo que nos pasa cuando no consultamos?

La acción de implementar es implementación; la de complementar, complementación; y la de cumplimentar… no es cumplimentación. Al menos, no está asentada en ningún diccionario. Por esto, su uso me pareció una salida por la tangente (facilismo, mejor dicho) del editorialista de El Tiempo: «Ciertas cumplimentaciones que tomaban dos minutos en papel hoy toman 45 en formato electrónico» (I-20-09). Cumplimentar tiene tres significados: el primero, 'dar parabienes o hacer visita de cumplimiento a alguien con motivo de algún acaecimiento'; el segundo, 'rellenar (cubrir con los datos necesarios'); y el tercero, 'poner en ejecución los despachos u órdenes superiores' (El Diccionario). Los sinónimos del verbo, en su segunda acepción -la adecuada en la muestra- serían llenado, rellenado; puesta en ejecución, consumación, etc.

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