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| Carmen Victoria Méndez (talcualdigital.com, Venezuela)

Se habla caraqueño

El lenguaje de la capital y las prácticas discursivas informales de sus habitantes son abordados desde el punto de vista académico por las investigadoras María Elena D"Alessandro Bello y Carla Margarita González, autoras de los libros Diccionario del habla coloquial de Caracas y Si así eres en rayas como serás en pelotas.

Piropos y antipiropos caraqueños, respectivamente. Ambas publicaciones fueron editadas por la Fundación para la Cultura Urbana, y serán presentadas en la sede de Econoinvest, ubicada en Los Palos Grandes.

Para ambas autoras, la calle y sus expresiones lingüísticas fueron el escenario fundamental de las investigaciones. En el caso del Diccionario coloquial de Caracas, D” Alessandro Bello decidió recopilar los vocablos creados y usados espontáneamente por la gente en su cotidianidad, aunque formalmente se aprecien alejados de la norma.

Las 190 páginas que conforman el libro contienen sustantivos como guachimán, adjetivos como echón y verbos como campanear. «Esta es una investigación lexicográfica muy seria, asentada en los importantes trabajos de Lisandro Alvarado, María Josefina Tejera, Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez. El corpus fueron la calle, los medios de comunicación, Internet y obras literarias recientes», dice la investigadora.

D” Alessandro Bello cuenta que durante meses se convirtió en un «radar del habla» en su propia ciudad. «Trabajé con palabras que raramente se encuentran escritas, pero se oyen por todos lados. Un buen ejemplo es cambimbiar. La usa todo el mundo pero nunca supe cuál era su grafía correcta: si es con v o con b. Hay distintas maneras de escribirla y yo traté de ponerlas todas».

El resultado de sus pesquisas incluyó cafeterías y areperas; de allí que en el diccionario figuren vocablos como viuda y pelúa, y que la palabra café tenga seis entradas. En el trabajo se ven reflejadas también palabras del lenguaje coloquial español, sacadas de canciones o calcadas de otros idiomas. «El argot delincuencial, el béisbol y la jerga de distintos oficios me proporcionaron material, porque muchas palabras de esos mundos fueron asimiladas y conservadas», explica D” Alessandro Bello.

POESÍA CALLEJERA

La palabra mamasonga, que aparece en el diccionario de D” Alessandro Bello para referirse a una mujer atractiva, bien podría servir de puente para presentar la obra de González Si así eres en rayas como serás en pelotas. Aborda el tema del piropo y el antipiropo como práctica discursiva cotidiana en las calles caraqueñas. «El piropo es un acto verbal callejero. El mamita, la introducción de todo piropo, ya es como los Buenos días. Eso para un suizo o un francés debe ser inaceptable, pues el piropo es un tema cultural y generacional del habla. Me interesa en su dimensión de acto verbal», dice la escritora.

González hizo un estudio de campo del piropo y el antipiropo como interacción comunicativa e idiosincrásica. Para ello, encuestó a 12 hombres y 12 mujeres, quienes le proporcionaron un amplio repertorio de frases, con sus respectivos contextos. «Noté que el piropo, que en un principio tenía la función de enamorar, se distancia con el tiempo y surge su contraparte: el antipiropo. Con los cambios sociales empiezan a escucharse más las expresiones de amor agresivas y soeces».

Uno de los hallazgos de González es que estas expresiones no van dirigidas exclusivamente a la mujer como destinataria, sino al hombre en su rol de emisor y a sus pares. «El antipiropo y el piropo se dan generalmente en grupo y la idea de quien lo emite es llamar la atención de sus amigos y divertirse entre ellos».

La investigación también revela que el piropo es un asunto de roles y refleja la idea que se tiene de la masculinidad y la feminidad.«Los hombres consideran que los piropos deben ser recibidos de buena manera, por un asunto cultural.

Claro, en este tipo de actos verbales es el destinatario quien decide si le gusta o no. Un ejemplo es la frase Esos cocos tienen agua: a unas mujeres les gusta la frase y a otras no. El piropo como tal es aceptado y la idea de mi trabajo no es erradicarlo porque si el piropo muere, con él se iría también una parte de la cultura».

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