Noticias del español

| |

|

Agencia Efe

Se ha ido Mingote, el lápiz que interpretó la cotidianeidad española


Para Antonio Mingote, el hombre que hizo del humor la lupa del siglo XX y que la sonrisa sustituyera a los dardos agrios que encierran las noticias, su trabajo era «razonar más allá de lo razonable» y tener «claridad de juicio». Ideas que hablan de la bonhomía de este jocoso intérprete de la vida.


Una vida plena a la que hoy ha dicho adiós el humorista y humanista, que ha fallecido a los 93 años sin faltar a su cita diaria con los lectores del diario ABC, donde ha trabajado 59 años hasta hoy, cuando ha vuelto a estar presente con un viñeta en la que se ve a una mujer en la cama, junto a su amante, y que queda sorprendida por el regreso inesperado de su marido.

Pobres, marquesas, burguesas, aristócratas, náufragos, toreros, políticos, zascandiles, pudibundos, zangolotinos, mojigatos, alindongados, currucatos, chisgarabises, fifiriches o mojigatos, como él mismo les denominaba y acuñaba, eran protagonistas de sus viñetas.

Todos eran arcilla que utilizaba el ilustrador para tomar el pulso a la vida, a través de las viñetas que siempre han sido un espejo en el que se reflejaba la sociedad española.

De ahí, como escribe Forges, que sus dibujos fueran «esenciales para entender el devenir reciente de España».

Dibujante, escritor, académico de la lengua y hasta marqués de Daroca, título que le concedió el rey don Juan, Antonio Mingote, tenía interés por todo y por todos, y comenzó dibujando de forma autodidacta. Su primera ilustración se publicó en un semanario infantil cuando tenía solo 13 años.

Al lápiz unió desde entonces su talento y el ojo y el oído en permanente apertura par captar todo lo que aconteciese. Luego lo deformaba y aumentaba, como Valle Inclán y sus esperpentos, para poder verlo así mucho más claro.

Comenzó en 1946, junto a Rafael Azcona y Carlos Clarimón su hacer humorístico gráfico en la revista La Codorniz.

Siempre se ha considerado que el humor de Mingote destilaba surrealismo, como de sus libros. En color y en blanco y negro, dibujó de todo: carteles, vestuarios y hasta cuadros al óleo de sus conocidos personajes.

Aunque en una ocasión fue acusado de ultraje a la Nación, fue algo inusual en su carrera porque no hacía daño, no buscaba el humor negro o sangrante, sino la mera sonrisa de sus los lectores.

Un tejedor de la crónica sentimental española en la que la ciudad de Madrid tuvo especial protagonismo. Artista cervantino, amante de las Meninas y de los árboles, Mingote gozó de la amistad de los que discrepaban con él, porque era un hombre amable y amigo de sus amigos como hoy se destacado desde todos los estamentos.

Hoy Mingote ha puesto su última sonrisa a la vida y recibirá el último adiós en el lugar que amaba y del que era «alcalde honorario», en el madrileño Parque del Retiro.

Su muerte ha desatado una oleada de reacciones de cariño y de admiración, como la de los reyes de España, que han destacado de él la «excepcional inteligencia» con la que examinaba la realidad, que constituyen «un valioso legado» que permite a todos «conocer mejor la sociedad española».

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha descrito a Mingote como «una de las figuras más importantes en el periodismo y en la cultura española del último medio siglo». Un «maestro» que diariamente regaló «una mirada aguda y original» de España.

Un hombre que trabajó «con una intensidad magnífica», ha dicho del creador el director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, y su «bondad serena, espontánea, nada amanerada ni artificial» ha sido destacada por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha. 

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: