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| Juan José Toro Montoya
lostiempos.com, Bolivia
Viernes, 18 de abril del 2008

SAVINA

Cuando vi por primera vez el nombre de Savina Cuellar Leaños en un texto periodístico, mi primera reacción fue cambiar la v por la b.


Con esa autosuficiencia condimentada de pomposidad/fatuidad que suele rodearnos a veces a los editores de textos, recordé que Sabina es un nombre originario de Sabinia, una región que hoy en día se identifica con la provincia italiana de Rieti, en el Lacio.

Los nacidos en Sabinia eran sabinos y sabinas pero las más famosas son estas últimas por la leyenda del rapto que habría sido planificado por Rómulo para cubrir la ausencia total de mujeres en el pueblo que fundó junto a su hermano Remo.

Los sucesos posteriores a ese rapto tienen rasgos románticos. Cuando los sabinos atacaron Roma para recuperar a sus mujeres, estas las sabinas se pusieron en medio de los combatientes y consiguieron que los dos pueblos se unan para formar una nación que, como todos sabemos, llegó a convertirse en uno de los imperios más grandes de la historia.

Posteriormente, el gentilicio de Sabinia se convirtió en nombre propio, masculino y femenino, y por eso es que hasta el santoral católico tiene una Santa Sabina, una viuda que se convirtió al cristianismo gracias a su criada Serapia.

Con el respaldo de esos datos, estaba seguro de que Savina se había escrito mal «quizás haya sido error de dedo», pensé con esa petulancia que me hace tan detestable para mucha gente así que procedí al cambiazo y a otra cosa, mariposa.

Sin embargo, cuando las notas que incluían el nombre de Savina Cuellar seguían llegando con v, supuse y, por ahí seguía rondando la petulancia, que algo andaba mal.

Una consulta con los colegas del diario Correo del Sur aclaró la cosa. Savina, con v, estaba bien escrito porque así figuraba el nombre de esta persona en el Registro Civil.

Entonces recordé ¡oh, petulancia! que la mala escritura de los nombres ocasiona innumerables problemas a miles y miles de personas que, por eso mismo, se ven obligadas a realizar trámites administrativos ante la Dirección del Registro Civil. Un informe de esa entidad en Potosí señala que el error más frecuente es confundir Juan con Iván pero también existen dificultades con Johnnys, Giovannas, Jeannettes y otros nombres importados ya que la diferencia de una sola letra puede dar lugar a que se frene todo un trámite.

La excusa de que en los nombres no hay ortografía es una bellaquería. En el idioma español existe una rama que se llama patronimia y se ocupa no sólo del origen de los nombres y apellidos sino también de su correcta escritura.

Hace un par de años, las autoridades del Registro Civil de Potosí me comentaron que existía un anteproyecto para normar el uso de los nombres en nuestro país. Desconozco en qué quedó el documento que, aparentemente, no está en la agenda de la actual legislatura.

Entretanto, habrá que aceptar que Sabina se escriba con v, que los Johnnys sigan escribiendo su nombre como Jhonny, que las Giovannas sea Yhovanas y que las Jeannettes se presente como Jhanet. Total… Bolivia es el país de los avasallamientos.

Desde luego, doña Savina Cuellar Leaños no tiene la más mínima culpa de que su nombre se haya inscrito así en el Registro Civil. La señora tiene un interesante perfil, es candidata del Comité Interinstitucional para prefecta de Chuquisaca y, según las primeras encuestas, tiene amplias posibilidades de ganar la elección.

De ser así, doña Savina, con v que es viuda al igual que Santa Sabina, con b se convertirá en la primera mujer de pollera en ser elegida gobernante de un Departamento en el que, pese a quien pese, está nada menos que la capital constitucional de la República.

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