Noticias del español

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| José Antonio Gurrea C.
www.etcetera.com.mx, México
Jueves, 31 de mayo del 2007

RICA DIVERSIDAD

Nada tan acertado como «Unidad en la diversidad», el lema que rigió los trabajos del IV Congreso Internacional de la Lengua. Unidad no sólo por entender que el español es único, sino porque una de las grandes conquistas de la lengua española fue la unidad de la ortografía, alcanzada entre 1884 y 1927. Se trata de un logro esencial. Para quien lo dude, basta ver lo que sucede entre Brasil y Portugal, donde la unidad de la lengua escrita no existe.


La diversidad remite a un lenguaje cuyo vocabulario se encuentra lleno de singularidades no sólo en cada una de las 21 naciones donde el español es el idioma oficial, sino incluso en las diversas regiones que integran esos países. Particularidades que al recorrer geografías enriquecen la lengua, pues aprendemos formas de nombrar a las cosas distintas de las nuestras, pero que también ponen de manifiesto que pese a las diferencias léxicas la comprensión recíproca de los hablantes se mantiene en lo que respecta a la llamada «habla culta», no en lo referente a los modismos o al habla popular, asunto que se abordará en la próxima entrega.

Para Víctor García de la Concha, director de la RAE, pese a que en español el léxico es mucho más abierto que la ortografía, «las diferencias son subsanables y las resuelve el contexto (pues), el español tiene una estructura muy sobria…» (Babelia, 24/III/07).

Durante los trabajos del congreso destacaron algunos estudios ­como lo reportó en su momento desde Cartagena Laura Islas, enviada de etcétera­ donde se puso de manifiesto, con base en las palabras utilizadas en la televisón iberoamericana, que «el vocabulario común que comparten todos los países hispanoparlantes supera el 90 %». De acuerdo con el análisis «esto se documenta con el hecho de que sólo se escuchan y escriben 25 regionalismos, por cada diez mil palabras» que se transmiten en la TV de esos países.

La compresión recíproca existe, no hay duda; sin embargo, en este caso se trata de cifras un tanto alegres, pues no hay que perder de vista que, por lo general, en los medios electrónicos hispanohablantes se recurre a un «español neutro», donde las diferencias léxicas del «habla culta» se encuentran reducidas al máximo y el habla popular es inexistente; por tanto, desaparecen los rasgos que definen la personalidad cultural de cada país. Las razones son más que nada económicas, pues tanto empresas de doblaje como productoras de informativos, telenovelas y programas deportivos, entre otros, ofrecen su trabajo a toda Iberoamérica. En este sentido, está plenamente comprobado que cuando decidieron reducir el contenido de jerga local los venezolanos duplicaron la venta de sus culebrones.

En los medios electrónicos se evita, así, la circulación de todas las enriquecedoras variantes lingüísticas. A guisa de ejemplo, el «foco» mexicano tiene su correspondiente «bujía» en Centroamérica y su «bombilla» en España. Pero aun en una misma región o en un país los matices abundan: a una bebida refrescante en Guatemala se le dice agua; en El Salvador y Nicaragua gaseosa; en Costa Rica y en Honduras, fresco; en el altiplano mexicano, refresco, y en el norte de nuestro país, soda.

El desplazamiento de variantes léxicas ha dado lugar, desde hace siglos, a un intenso intercambio cultural. En su Apasionada defensa del idioma español (Taurus, 1988), Álex Grijelmo subraya que mientras en España se utiliza un vocablo procedente del náhuatl (tiza) para designar a la arcilla blanca usada para escribir en los pizarrones, en México la palabra más común es gis, traída precisamente por los españoles a nuestro país. De ese tamaño han sido las mutuas «donaciones» (Antonio Gamoneda, dixit) en relación con el lenguaje.

En un número especial sobre el pasado Congreso de la Lengua (24/III/07), los editores de Babelia encargaron a directores y miembros de las 22 academias de la lengua (21 países donde el español es el idioma oficial más Estados Unidos) que explicaran cuáles son las singularidades del habla en sus respectivos países (www.elpais.com/articulo/semana/Geografia/sonora/espanol/elpepuculbab /20070324elpbabese_3/Tes).

El ejercicio del suplemento literario de El País hace una revisión que transcurre por el característico voseo argentino, se detiene en el seseo boliviano, hace escala en el hablar suave y bajo de los chilenos, y, después de un largo viaje, termina en la «vaina» venezolana. Un trabajo más que recomendable.

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