Noticias del español

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| Eduardo Olivares
El Financiero (México)
Martes, 1 de julio del 2008

RÉQUIEM POR EL IDIOMA EN LA RED

«La muerte del idioma español» es quizás, una expresión tremendista, pero que al menos requiere de un cierto grado de reflexión y de conciencia lingüísticas.


Si la transformación constante de un idioma, es la que lo reafirma como un ente vivo —y por lo tanto también en peligro real de fallecimiento—, nada extraño es que sea susceptible a la intromisión de los retazos de otros idiomas, de las agresiones cotidianas en todos los medios y situaciones posibles, hasta llegar al lamentable desprecio, por parte de quienes deberían recrearlo y reforzarlo desde su trinchera intelectual.

Tómese el caso de García Márquez, quien declaró a lo largo y a lo ancho de un ya conocido discurso, que lo mejor sería que el idioma se escribiera como suena, debiéndose eliminar incluso, todas las reglas ortográficas, gramaticales del español y desaparecer de paso, algunas letras del alfabeto. Más allá del sensacionalismo predecible de semejante puntada, evidente es que el idioma pasa por tiempos difíciles, turbios. Tiempos en los que se descubre atrapado por los vaivenes del mercado y sus particulares necesidades; tiempos en donde hay un sometimiento moral a las causas narrativas del imperio dominante: se imponen la lógica del habla cotidiana simplona, recortada y el desdoro de un empobrecimiento comunicativo.

¿Para qué usar más allá de 100 vocablos en una conversación, si a sus emisores les basta con mimetizar cualquier mensaje de teléfono celular? ¿Para qué detenerse en la contradicción de que aquellos ávidos de aprender el idioma del imperio anglosajón, primero tendrían que dominar los rudimentos de la propia lengua? ¿Para qué preocuparse de la aberrante multitud de elementales dislates ortográficos en la televisión, en los anuncios masivos, incluso en los libros ya echados a andar en el arduo camino de búsqueda del lector?

Desde el gobierno mismo hay un claro desinterés por la promoción y defensa del idioma oficial de los zaheridos Estados Unidos Mexicanos, demostrado cabalmente por la inexistencia de una legislación que regule sus usos y sus abusos, que emita recomendaciones y hasta sanciones, así como la nula infraestructura básica apoyada, desde la autoridad de avezados correctores, editores entendidos, diccionarios de varios orígenes, programas auxiliares de cómputo. Ese abandono, del cual también han sido corresponsables los controladores, emisores y diletantes de la cultura, es peligroso en extremo.

Si no se es capaz, como raíz de identidad básica y humana, de una expresión comunicativa adecuada y precisa, entonces no se hará llegar sino sólo una parte del mensaje deseado a la parte receptora o tal vez nada; y si no llega ese mensaje, se genera en ese extremo de malentendido e incomprensión —como la historia nacional lo demuestra— toda suerte de desastres culturales, sociales y políticos. Por eso, nostálgicos y esperanzados encontrarán en la Fundación Español Urgente http://www.fundeu.es/, razones interesantes, de peso, para aún no expedir el certificado mortuorio correspondiente de ese elegante cadáver hispanoparlante, que como Mío Cid verborréico, amenaza con seguir conquistado al mundo.

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