Noticias del español

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| Karla Castillo
El Nuevo Diario (Managua, Nicaragua)
Lunes, 11 de diciembre del 2006

REIVINDICANDO EL «VOS»

«Somos los únicos, además de los argentinos, en tratarnos de vos», me dijo una vez, con mucha propiedad, una amiga mayor que no ha salido nunca de nuestro país. Ella estaba convencida de que los nicas somos un extraño grupúsculo que adaptamos un tratamiento del español antiguo a la época actual, de manera similar a la que hicieron en el Cono Sur del continente americano.


Sin embargo no somos los únicos. Todos los centroamericanos hablamos así, a excepción de los hermanos de Panamá, país que tiene más bien influencia antillana.

Parte de Colombia también habla de vos, y nunca he escuchado que quienes se tratan de tan melódica manera, obviando que en otras regiones se traten de «tu», se avergüencen de su forma de comunicarse.

A mí lo que me sorprende de muchos de nuestros paisanos es que sientan que es problema tratarse de «vos» y hasta hay sus cuatro personajes que, convencidos de que la superioridad de Costa Rica también reside en el idioma, después de hacer un corto viaje al país del sur, regresan hablándonos de «tu», en una mezcolanza terrible con nuestro idioma. Y eso que los tiquillos, al igual que los guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, se tratan de «vos» sin ningún problema.

Pero bueno, como se dice, cada loco con su tema. Yo prefiero reivindicar el 'vos' y creo que si algún día, por cosas del destino me toca irme a vivir a otro país, sobrevivirá en mí ese sabroso 'vos', que no tiene nada de malo y es parte de nuestra identidad.

Y de paso, si se trata de llevar a su máxima expresión este vocablo, no creo que esté lejano el día en que nuestra gloriosa «Real Academia de la Lengua Española» acepte las conjugaciones que hacemos quienes hablamos de vos, para que pronto los maestros nos enseñen: «yo hablo, vos hablás, el habla, nosotros hablamos, ustedes hablan…».

No sería justo que tantos millones de personas sigamos conjugando en un ajeno «yo hablo, tu hablas, el habla, vosotros habláis…» y que los árbitros del idioma prácticamente nos borren del mapa en asuntos lingüísticos. Está bien por cultura general, pero nuestras costumbres también merecen respeto.

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