Noticias del español

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| Francisco Sosa Wagner
lne.es, España
Miércoles, 15 de diciembre del 2010

REAL ACADEMIA Y ORTOGRAFÍA

El intento de modificar algunas reglas y la cruda realidad idiomática.


Es de ver el guirigay que se ha formado con el intento de la Real Academia Española de modificar algunas reglas de la ortografía de nuestra lengua. Al gran sabio que es Salvador Gutiérrez Ordóñez, autor del trabajo filológico, le han llovido rayos cósmicos desde todos los cantones amotinados de las Españas. Como él mismo ha dicho con gracia «algunos han reaccionado como si quitar una tilde fuera algo parecido a cortar un dedo».

¿Qué podemos pensar de esta labor? Pues la verdad es que uno no sabe para qué se esfuerzan los señores de la Docta Casa en tales empeños. Los chicos españoles son víctimas de las reformas y de los planes elaborados por pedagogos a la violeta y además ahora escriben solamente signos en los mensajes de correo electrónico y SMS que es el género literario que cultivan. Bastante tienen las pobrecillas criaturas con saber conjugar el verbo «haber» y con entender el jeroglífico de las palabrejas alumbradas por la alta ciencia pedagógica (los «segmentos», las «habilidades», las «competencias» y otras lindezas).

A ello hay que añadir que una buena porción de ellos ya no estudia el castellano sino el vasco, el gallego, el catalán, el bable, el leonés, etc. Se advertirá pues que las fatigas ortográficas académicas carecen de sentido.

Mejor sería que los académicos dedicaran sus bien aparejadas entendederas a decirnos algo sobre el festival de exóticas expresiones y siglas que salpican las conversaciones de los españoles más enterados. Verbigracia ¿qué debemos pensar cuando un señor nos dice que se ha comprado un coche que lleva ESP, ABS, ASR, EDL y MSR? O que tiene «desbloqueo remoto del respaldo». O árbol de serie para neutralizar el C02. O volante multifunción detector de fatigas… Un amigo mío me ha preguntado hace poco si mi coche incorpora el «asistente de carril» y la radio RCD con lector MP3. Como lo he negado, sólo su educación le ha impedido decirme lo que estaba pensando: que soy un soplagaitas merecedor de un soplamocos.

Pues si de la conversación automovilística pasamos a la económica, de moda por la crisis que han tenido a bien desencadenar los bancos de nuestros pecados y desvelos, nos encontraremos con misterios lingüísticos de parecida envergadura. Un compañero de infancia, que era un muchacho encantador con el que yo intercambiaba cromos y títulos de novelas imprescindibles, hoy es un gestor de carteras y de lo que me habla es de colocarme «SWAPS y ventas PUT». La verdad es que sólo lo intenta porque estoy determinado a no escucharle hasta saber qué piensa el estructuralismo lingüístico de este galimatías.

Hace poco acudo a un cóctel en Bruselas y oigo a un directivo, de esos empedernidos, con las pilas cargadas de dinamismo y fuerza persuasiva, que estaba «dispuesto a aprovechar las sinergias de la fusión de INFINIX Y MOLINIX para ganar continuidad operativa y autenticidad». Ahí queda eso…

Ahora, lo más moderno entre la gente con recursos saneados en Liechtenstein es tener una «hoja de ruta», «conocer el escenario», padecer «jetlag» y apostar por los «unit linked» que aseguran rentas copiosas, dios sabe a costa de qué trapacerías (las descubriremos en breve y sus costes los pagaremos entre todos; no se haga el distraído, lector, usted también).

A la vista de estas circunstancias idiomáticas ¿no les parece a nuestras lumbreras de la Lengua que procede declarar el estado de sitio y fusilar a quienes expulsan estos excrementos? Si así procedieran ya tendrían justificadas las dietas. Y recibirían la recompensa en la morada eterna.

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