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| Guillermo Fárber
libertas.com.mx, México
Miércoles, 20 de enero del 2010

QUIEBRITAS Y QUIEBROTAS

Rescato esta nota hilarante del Excelsior del 5 de junio de 1990: «El Crac Bancario más Caro Hasta Ahora»


Se refiere a un banco en Phoenix, que hizo un boquete de 1.7 millardos de dólares en el erario público gringo. ¿No te da ternura? Me desternillo de la risa. Ojo: no de tornillos sino de ternillas, cartílago que en esta expresión se refiere principalmente a las de la caja torácica (costillas, esternón, columna) y hace alusión al movimiento ese medio loco que nos agarra cuando nos reímos mucho.

Madre Academia: desternillarse. 1. prnl. Romperse las ternillas. 2. prnl. Reírse mucho, sin poder contenerse. (Por cierto, dice la Madre Academia que la palabra ternillas no está en su diccionario. ¿Cómo entonces la usa?) En fin, continúo con la nota. ¿Y esa era una quiebra espectacular? ¿Qué dirían ahora de las miles de bancarrotas que se han dado del verano del 2007 para acá, culminando con la de 600 millardos de Lehman Brothers (353 veces mayor que el «récord» citado)?

RABO VERDE

Se les dice así a los hombres de cierta edad a quienes les gusta cortejar a jovencitas, les correspondan éstas o no. ¿Pero de dónde viene la expresión? Consulto Definiciencia popular (http://definicienciapopular.blogspot.com/2008/07/ser-un-viejo-verde.html) «Originalmente el viejo verde no era lo que es hoy: el que conserva inclinaciones galantes o apetitos carnales impropios de su edad, según lo define pudorosamente —aunque no exenta de cierto enojo— la Academia de la Lengua en su Diccionario.

Antes, el epíteto no estaba cargado de ofensa y por el contrario movía a orgullo a quien se lo aplicaban. Ser un viejo verde, allá por el siglo XVI, era muy satisfactorio pues con ello se quería decir de una persona que conservaba su vigor y lozanía. Y así se decía en latín vulgar que viridis a vigore, verde es vigor. Incluso a los hombres maduros de pelo canoso se les comparaba con las cebollas, hortalizas de la familia de las liláceas, que se caracterizan por tener la cabeza blanca y el rabo verde, de donde proviene otra expresión más peyorativa aún: viejo rabo verde.

Extrañamente, a partir del siglo XVII y particularmente en castellano, se le fue dando una connotación obscena, lúbrica, al término viejo verde, que tanto en italiano como en francés conserva su sentido favorable. Y a falta de una explicación coherente, habrá que suponer que fue un sentimiento igual de verdoso, la envidia, el que dictó el cambio de giro a la expresión Sebastíán de Covarrubias ya dijo en 1611: Es el color de la yerba y de las plantas cuando están en su vigor… No dejar la lozanía de mozo habiendo entrado en edad… A los que siendo viejos tienen verdor de mozos, decimos ser como los puerros, que tienen la cabeza blanca y lo demás verde.

Ese sentido de la locución en el siglo XVI, cambia de semántica a partir del siglo XVII. Así, a partir del siglo XIX ya se aplica a cuentos, chistes y representaciones de tono obsceno, lascivo y lujurioso, olvidando el calificativo de colorado —debido a que provocaban el arrebolamiento de más de una mejilla— que recibían anteriormente los chistes subidos de tono. «Oh, es por esto que los “chistes colorados” de mi dorada infancia mazatleca, eran llamados por acá en el altiplano azteca “cuentos verdes”». En fin, como dice el Evrobodi, con su profunda y serena sabiduría tibetana: «Ponle el color que quieras, pero la nalga es la nalga.»

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