Noticias del español

| | |

| Nicole Muchnik
elplural.com, periódico digital
Jueves, 3 de julio del 2008

¿QUÉ PROBLEMA HAY CON LAS «MIEMBRAS»?

La lengua ha de evolucionar para reflejar las nuevas realidades.


¡Extraordinario! ¡Lo que puede desencadenar una palabra pronunciada en una conferencia, palabra que no figura en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra «miembras», usada por la ministra socialista de Igualdad!

No se trataba de un manifiesto ni de una declaración de guerra, sino de una expresión de complicidad con su auditorio, un guiño dirigido a las mujeres presentes en la sala. ¿Será la ministra «un epítome de la imbecilidad», como se pregunta muy serio un columnista del ABC? No, decide el autor en la vigésima línea, «el pensamiento de la ministra es sólo un pensamiento que avanza a cuatro patas…».

Otros comentarios

«Pasará a los anales de la estupidez nacional… y no quiero ensañarme», escribe otro columnista en El Semanal, quien matiza con gran generosidad: «No tengo la impresión de que la ministra sea tonta ni analfabeta. Por lo menos no del todo. O lo justo». Analfabeta, según la COPE, también en «términos gramaticales», en su «nuevo modelo de masculinidad». Está claro que en lo que hace a la lengua española, más vale esperar que un vocablo sea aceptado por los cuarenta y dos académicos de número, los electos, los honorarios, los corresponsales españoles, hispanoamericanos, extranjeros y los de número de las academias americanas, antes de usarlo.

Miles de errores

Una puede no obstante preguntarse por qué nuestros intelectuales al borde de un ataque de nervios y otros profesores, escritores o distinguidos miembros de la RAE (a título personal) no ponen más entusiasmo en denunciar y corregir los errores de vocabulario y sintaxis que se escriben y se dicen a diario en todos los medios de comunicación. Por ejemplo, circunloquios gratuitos en el lenguaje de políticos y periodistas, como «tiene su inicio» en lugar de «comienza»; «visionar» en lugar de «ver»; «recepciona» en lugar de «recibe»; «el listado» en lugar de «la lista»; «climatología» por «clima»; «metodología» por «método»; horrores como «preveer» por «prever»; «imputar» por «inculpar»… O bien osadías barrocas como «instituto geográfico» por «instituto de geografía»; o bien ridiculeces como «el presunto detenido» —y tantas otras curiosidades que hacen del español un idioma martirizado, estropeado, leído y escuchado día tras día, niños inclusive, a razón de tres o cuatro horas diarias.

Machismo cultural

Apenas alguna cultura nos enseñaría que la predominancia del género masculino es relativamente reciente. En francés en todo caso data de 1647, cuando el gramático Vaugelas adujo que «el género masculino, siendo más noble, ha de predominar cada vez que masculino y femenino aparezcan juntos». No se deberá más escribir correctamente, como en la Edad Media o como Racine en el siglo XVII: «estos tres días y estas tres noches enteras». Y habrá que escribir «Un gato y trescientas mujeres juntos».

Cambios

Afortunadamente, y por difícil que para algunos sea admitirlo, los tiempos han cambiado. Así, hoy se puede decir y escribir en Francia, Bélgica, Suiza o Québec: «la docteure», «la professeure», «l’écrivaine»…

El lenguaje, claro reflejo

En el cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se estudió el problema del sexismo de las lenguas. «¿Qué hay en una palabra?» se pregunta el informe de la comisión. «Hay palabras que incitan a la violencia, otras a la paz. Hay palabras que expresan el poder de exclusión, otras, la voluntad de incluir. Cuando faltan las palabras, las sociedades, cualquiera sea su lengua, las buscan, las inventan o las cambian».

Negar los avances

Amnistía Internacional recomienda en esta ocasión que se adopte un lenguaje no sexista en las Naciones Unidas, las organizaciones intergubernamentales y también en los gobiernos y sociedades civiles de los países que aún no lo han hecho. Las sociedades cambian, precisa el documento: «Es así que el uso de una terminología sexista debe ser considerado la negación de las transformaciones políticas, sociales y culturales de las sociedades del siglo XX».

La necesidad de evolucionar

Es habitual pensar que la pureza de la lengua está fijada de una vez para siempre en los diccionarios y gramáticas. Pero la lengua no es una cosa estática. Evoluciona constantemente para reflejar las nuevas realidades y los cambios sociales y políticos.

Profundos estudios

«El lenguaje juega un papel fundamental en la formación de la identidad social de los individuos», precisa el mismo informe. Ya en el siglo XVIII los filósofos alemanes como Herder o Fichte, estudiaron la interacción entre lenguaje y actitudes sociales y más tarde, el francés Michel Foucault, puso el acento en la relación entre poder y discurso. Más recientemente, en Lo que hablar significa, Pierre Bourdieu describe la existencia de un mercado lingüístico y de un capital lingüístico que forman parte de las relaciones socio económicas entre individuos y clases sociales.

Todo un obstáculo

En 1990, el comité de ministros de la Unión europea denunció que el sexismo del que está impregnado el lenguaje en uso en la mayoría de los estados miembros del Consejo de Europa constituye una traba en el proceso de instauración de la igualdad entre mujeres y hombres. «Los valores de una persona se reflejan en la lengua de la que ésta decide servirse. La utilización de la lengua puede indicar las actitudes subyacentes capaces de crear entornos hostiles para las personas de sexo femenino». Más claro, agua.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: