Noticias del español

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| Gianny López Brito (estudiante de Periodismo)
adelante.cu, Cuba
Jueves, 24 de abril del 2008

¿QUÉ HACEMOS CON EL CASTELLANO?

«No andan las bellezas tan de sobra en la vida, para que desdeñemos así las de nuestra hermosísima lengua.»


José Martí


En la era moderna, donde las computadoras, la navegación por Internet, los avances de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones contribuyen, en cierta medida, a enriquecer la cultura general de la sociedad, se encuentra también el uso de términos lingüísticos y el empleo de frases que opacan las riquezas de nuestro idioma.

El español es una lengua romance derivada del latín. Tras la caída y el desmembramiento del Imperio Romano, tomó fuerza en Castilla (zona española de castillos) el castellano y con el transcurso del tiempo, debido a la progresiva hegemonía de Castilla la Vieja, se impuso a otros dialectos —durante los siglos XIII al XV— que se hablaban en la Península Ibérica.

Sin embargo, la evolución posterior del castellano no se hizo sólo a partir del sustrato proporcionado por el latín, sino también con numerosos préstamos lingüísticos aportados por otras lenguas peninsulares y con la incorporación de voces extranjeras provenientes, sobre todo, de los árabes, Italia, Francia, Portugal y América.

Pero sin dudas, los movimientos migratorios efectuados a lo largo de la historia de la humanidad han sido el principal factor en la evolución y expresión de las lenguas.

El castellano cambia con lentitud porque su literatura es abundante y esto contribuye a fijarlo como un instrumento vivo con un nacimiento y una evolución constante en el tiempo.

En la actualidad el español es la tercera lengua internacional y su enseñanza en los últimos años se ha duplicado.

Pero hoy otros factores intervienen en el idioma español y un ejemplo es el solo hecho de copiar a los últimos «fenómenos» del reguetón o de seguir a un conductor de televisión, a los artistas de Hollywood o al «mundo de la farándula» presente en revistas extranjeras, irradia un proceso de imitación del vestir, de la música y por supuesto, de la lengua.

La problemática lingüística es un proceso altamente complejo, pero no podemos estar exentos a su continua proliferación. El abuso de frases indebidas y de construcciones incorrectas, empaña la belleza y variedad de nuestra modalidad idiomática.

La Real Academia Española de la lengua aparece en 1703 como protección oficial del lenguaje debido a las novedades y vulgarismos que tropiezan con las barreras de normas establecidas.

Pocas lenguas de las que se hablan y escriben en el orbe son tan difundidas y tienen tanta riqueza de términos como la castellana. Es por ello que debemos protegerla porque una persona culta, ante todo, debe poseer dominio de su lengua materna, parte esencial de nuestra nacionalidad —testigo de nuestras luchas, esfuerzos, logros y esperanzas— y el más rico legado de nuestra herencia cultural.

Nuestro idioma es importante por la extensa y vasta literatura, transmitida por grandes escritores y además por la recopilación en diccionarios y enciclopedias de esta gran riqueza del saber que nos brindan los lingüistas y estudiosos del tema.

Dentro de la sociedad actual se aprecian dos necesidades básicas: la de conseguir un perfecto dominio de expresión y la de adquirir conocimientos y cultura.

¿Se ha preguntado cuántos daños puede ocasionar a sus hijos, nietos o amigos, imitadores de su conducta y de sus formas de expresarse? Es hora de la contribución solidaria y humana para detener los procesos que deformen la lengua.

Desde la educación preescolar se trabaja en el desarrollo de la actividad comunicacional, pero la familia y el medio donde se desenvuelven los niños son elementos imprescindibles para cultivar el buen uso del idioma. Los maestros deben tener mucho cuidado al respecto para que los estudiantes no cometan errores.

Crear nuevos hábitos de lectura, enriquece el vocabulario y consigue combinaciones interesantes de palabras y frases que se descuidan a nivel coloquial porque en la actualidad se publica mucho, pero todavía no se lee lo suficiente.

Nos queda mucho por hacer para erradicar los vicios de dicción, el empobrecimiento del vocabulario y las groserías que opacan la importancia del español contemporáneo, empañan nuestros valores éticos, morales y humanos y perjudican el adecuado uso del pensamiento.

Hay que recorrer los fascinantes senderos de la lengua de Cervantes y explotar al máximo sus riquezas para poder exclamar orgullosos: ¡Hay qué felicidad, como me gusta hablar español!

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