Noticias del español

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| Osviel Castro Medel
www.cnctv.cubasi.cu, Cuba
Viernes, 15 de junio del 2007

¿QUÉ BOLÁ, ASERE?

CNC digital reflexiona sobre ciertas distorsiones del lenguaje, contra las que nuestro país lucha, especialmente el incentivo de la cultura general e integral para todos.


Hay para alarmarse, en serio. Frases como la que encabeza estas líneas se han hecho tan cotidianas y aun graciosas para algunos que ya a un joven —lo vi en céntrica calle capitalina— se le antoja galantear a su pareja con: «Dame un beso en la boca, asere».

Alguien dijo una vez, acaso burlescamente, que «aser» significaba: 'conjunto de seres pestosos', aunque el «diccionario de la calle» le ha dado el significado de 'amigo' o 'socio'. Y hasta lingüistas han salido a defender el término buscando su origen afro.

Mas lo cierto es que, poniendo a un lado la raíz de esa palabra y al margen de las riquezas de nuestro idioma, a menudo surgen y resurgen voces oscuras que van sustituyendo con hálito de arrabal locuciones corteses, elegantes, finas, cultas o simplemente corrientes.

Tildaría de dinosaurio al que pretenda hablar hoy el español de aquellas célebres novelas de caballería de la época de Cervantes o a quien, en exceso de refinamiento, aconseje que cuando alguien tropiece a más no poder con la acera deba decir: «Oh, mis zapatos han colisionado brusca y dolorosamente con este objeto de concreto».

Entiendo, por otro lado, que nuestra lengua, quizás como ninguna otra, es una esponja, dada a dilatarse con las expresiones de la cotidianidad y a nutrirse de lo post moderno y lo foráneo. Al respecto han disertado especialistas y estudiosos.

Pero no parece entendible que acepciones surgidas tal vez en cierto ambiente vulgar lleguen a imponerse con naturalidad, no sólo en la jerga diaria sino hasta en círculos académicos o supuestamente cultos.

Hace poco una profesora contaba que llegó a endiosar a un médico por los cuidados y atenciones que este había tenido con su hijo, aquejado de una delicada enfermedad. Eso, hasta el día en que se apareció un colega del galeno en la sala; el saludo hacia al compañero recién llegado fue: «Pero asere, estás hecho un yuma, cuáles son tus talles que ya no te veo el gao ni en ninguna parte». Desde ese momento, ante los ojos de la profesora, aquel buen especialista perdió sabiduría, porte y hasta ética. Y es que el habla, reflejo de la conciencia de los hombres y su historia, es expresión de educación, hábitos, estética… cultura.

Por eso, hace un tiempo, como muestra de la preocupación por el deterioro de la oralidad, surgió aquella excelente canción (¡Cómo me gusta hablar español!), denunciadora de los peligros que asechaban la lengua cubana, entre estos el de convertirse en un dialecto ininteligible en otras latitudes hispanas.

Sin embargo, desde entonces han aparecido en la vida diaria más y más oraciones «callejeras», algunas con raíces en otros idiomas o quién sabe dónde:

Ese tipo es un «fula». Me voy «pa´ la poma». «Juan se tiró tremenda coba». «Brother, préstame un prajo». Oye, «se te ensució una pierna del fardo». «Te empataste con una piruja». Compré unos «faos».

«Está cana por afaniche». En ese gabinete hay un «baro largo». «Voy en bora». «Échate el play». El consorte «está ñampio». «Ese mulo es mi ambia». Se le rompió la «pura». «A ese calvo le quedó vacía la güira con ese invento». «Tremendo hierro el del monina». «Esa niña está monstruo». «Me jamé a esa jebita con papa». Esos tacos están «bolaos». «Mañunga lo siembran». Estoy «fachao por la caja del pan»…

Hoy, incluso, en determinados lugares del planeta, se ha llegado a estigmatizar equivocadamente al cubano, a identificarlo por ese tipo de lenguaje. Por ejemplo, una pésima película sobre un bailador santiaguero que visita Estados Unidos, protagonizada por el boricua Chayanne, relata la escena en que este encuentra por casualidad a un villaclareño. El saludo, lleno de euforia, fue la frase enunciada en el título de este trabajo.

Todos sabemos que la esencia del alma del cubano no cabe en la simpleza de un saludo alegre en un encuentro de azar y que su cultura, bien vasta, se ensancha por días para envidia de millones en el Globo.

No obstante, traído el tema a colación, emerge una inquietud. Y nace un reto no exento de complejidades relacionado con las expresiones diarias de nuestras gentes. Porque resulta incompatible con los ambiciosos y bellos ensueños educativos y cognoscitivos de este país escuchar ahora, en la sociedad que sin dudas será la más culta del mundo, que un muchacho, quizás con algunas réplicas en otras pocas calles citadinas, enamore a su novia con un espantoso: «Bésame la boca, asere».

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