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| Agencia Efe

Un profesor de «hip-hop» subraya el «empobrecimiento» del lenguaje de los jóvenes

El profesor de Publicidad y de música Hip-Hop en la Universidad Complutense Francisco Reyes, ha subrayado el «empobrecimiento» del lenguaje juvenil en diversas formas de expresión, que, en su opinión, se debe al «ansia de acortar información» en los mensajes.

Reyes ha ofrecido una conferencia sobre el movimiento hip-hop y sus códigos de comunicación, dentro del seminario internacional El español de los jóvenes que se celebra en el monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, La Rioja (España), organizado por Fundéu BBVA.

Ha afirmado que «más allá del argot propio de una edad», el lenguaje de los jóvenes «tiende al empobrecimiento» y en ello han influido las nuevas tecnologías «por los SMS, el messenger o los chats».

No obstante ha achacado ese empobrecimiento «al sistema educativo que han vivido lo que hoy son jóvenes, menos exigente que antes» que ha deparado que «hoy, personas que acaban una carrera universitaria, escriban con faltas de ortografía».

Ha insistido en que «un joven, por serlo, no es idiota, puede entender un texto serio, pero él usa menos palabras, ansía acortar la información» algo que, para él, «es fruto del exceso de información que tienen».

Reyes ha dedicado la mayor parte de su intervención a explicar qué es la cultura del hip-hop y cómo llegó a España desde los Estados Unidos, donde nació cuando los jóvenes del Bronx neoyorquino empezaron a ver como un espectáculo el que alguien acompañara a los disc-jockeys que ponían música en las fiestas callejeras.

«En España, en 1986 apenas sabíamos qué era el rap, pero para los años noventa ya era una moda, todo el mundo tenía uno, Jesús Gil y Lola Flores», ha detallado, aunque «los medios de comunicación se cansaron de él, y ahora parece que vuelve, no sé si para quedarse».

El grafiti, ha explicado, es un elemento de esta cultura «que no reivindica nada, sólo consiste en poner un nombre en cualquier sitio», una tendencia que llegó a España en 1977, de la mano de un «grafitero» madrileño, del barrio de Campamento, llamado «Muelle».

«Se trata de una cultura para adolescentes, con sus propios códigos y un argot propio», ha dicho, y ha glosado su intervención con términos propios del idioma de los grafiteros, como tag (la firma), la misión (pintar un tren) o la pota (un dibujo mal hecho, sin rellenar por dentro)». Estas y otras expresiones forman una jerga propia «con la que quienes la usan buscan un objetivo propio, sobre todo que nadie de alrededor tenga la información de lo que van a hacer» pero «crear ese tipo de lenguaje no esconde la tendencia general, la de usar cada vez menos palabras, el empobrecimiento del lenguaje», ha repetido.

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