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| Lucila Castro
lanacion.com.ar, Argentina
Lunes, 5 de noviembre del 2007

PRESIDENTA SE ESCRIBE CON A

«La abogada y senadora Cristina Fernández insistió a través de la campaña electoral en su deseo de ser llamada presidenta, así, con a , haciendo desde luego énfasis sobre el género y sin reparar en que la Constitución Nacional dispone en su artículo 87 que «el Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de ´Presidente de la Nación Argentina, así, con e , denominación propia del cargo o función con independencia de quien lo ocupe», escribe Rubén Wickel.


«Es triste advertir que aun la hasta ahora "primera dama" puede resultar víctima del tristemente célebre 'Alpargatas sí, libros no' de tan deletéreos efectos para la Nación entera, no solo en los tiempos en que la expresión fue acuñada, sino hasta la fecha. Es que, lamentablemente, debemos seguir dando la razón a Jorge Luis Borges cuando señalaba que hay quienes, en expresa referencia a los adherentes a esa y otras frases por el estilo, "no son ni buenos ni malos: son incorregibles"», concluye.

Posiblemente el lector pueda encontrar otros ejemplos para ilustrar la ingeniosidad de Borges sobre los peronistas, pero este no vale. Porque la primera presidenta que tuvimos, también peronista, no sé si por machismo o por consejo de sus asesores, o tal vez por las dos cosas, se hacía llamar presidente. Y, sobre todo, porque la actual presidenta electa, que es senadora (como bien dice el lector) y no senador, al querer ser llamada presidenta, no muestra ignorancia, sino, por el contrario, conocimiento de su lengua materna, el conocimiento propio de cualquier hablante nativo.

No es la primera vez que se presenta este argumento, como si se tratara de una cuestión jurídica. Pero aquí la única cuestión jurídica es en qué lengua debe interpretarse la Constitución. Y la única respuesta posible es la siguiente: «En la lengua en que está escrita». A partir de eso, la cuestión no es jurídica, sino lingüística. Nuestra Constitución está escrita en el idioma nacional, que es el español, y debe entenderse según las reglas del español.

En español, el masculino es genérico y, cuando se menciona, sin referencia a una persona específica, un cargo que puede ser ocupado por mujeres o varones, se usa el masculino. Pero cuando ese título se refiere a una persona específica, si la palabra es de dos terminaciones, se usa con la terminación masculina o femenina según corresponda.

Es curioso que los que insisten en llamar presidente a la presidenta electa no hayan tenido hasta ahora empacho en llamarla senadora. Porque la Constitución dice que el Poder Ejecutivo será ejercido por un ciudadano, en masculino, con el título de presidente, en masculino. Pero también habla de diputados, senadores, jueces, ministros, todos en masculino, y nadie discute que las personas que desempeñan esos cargos, si son mujeres, deban ser llamadas por las formas femeninas de sus títulos. Si una universidad llama a concurso para un cargo de profesor, en el llamado lo anuncia como un cargo de profesor, pero si el concurso lo gana una mujer, cuando se la designa se la designa profesora. Es así en cualquier actividad.

Por supuesto, los constituyentes de 1853 no pensaban en presidentas mujeres. Ni en diputadas, senadoras, juezas o ministras. Ni siquiera pensaban en ciudadanas. Pero desde entonces hubo varias reformas constitucionales y los reformadores tuvieron el buen tino de dejar los títulos como estaban, sin considerar necesario, como se ha sostenido recientemente en otros países, por una mal entendida «corrección política», hablar de «ciudadanos y ciudadanas», «diputados y diputadas», «senadores y senadoras» y toda la retahíla de cargos duplicados.

Tal vez la diferencia que se pretende hacer con presidente se deba a que esta palabra, que en su origen es de una sola terminación, puede ser de género común: tampoco es incorrecto decir la presidente (lo mismo ocurre con juez ). Pero, existiendo la forma femenina en -a , es natural que las mujeres la prefiramos.

¿Ditirambos en contra?

Escribe Raúl Barros:

«En la columna Rigurosamente incierto del sábado 27 de octubre, hay una frase según la cual «nadie puede hoy salir a la calle y vociferar ditirambos a favor o en contra de tal o cual candidato». Pero el ditirambo era un himno que ensalzaba a Dioniso, hijo de Zeus y Sémele. Figuradamente, ditirambo es también una alabanza o encomio excesivos. En definitiva, un ditirambo «en contra» es tan imposible como un hipogrifo.»

Sin minas

«El 28 de octubre, leí en otro diario una nota sobre el retiro de minas explosivas y se designaba la acción como desminar y desminado. ¿Es esto correcto, aceptable, o lo será como consecuencia del uso?», pregunta Raimundo García.

Estas palabras no solo son aceptables porque se usan, sino que están correctamente formadas. Y, como hemos explicado muchas veces, el hecho de que no aparezcan en el Diccionario de la Real Academia Española no significa que sean incorrectas, porque, para entrar en el diccionario, antes deben ser correctas. Las palabras desminar y desminado no figuran en las ediciones ya publicadas del DRAE , pero su inclusión ha sido acordada para la próxima edición, definidas como ´retirar minas explosivas' , el verbo, y ´acción y efecto de desminar' , el sustantivo.

Escribir después de morir

Se puede escribir contra un muerto, pero es difícil que un muerto escriba. Observa Julián Giglio, estudiante de Relaciones Internacionales:

«Sin ánimo de contrariar al doctor José Enrique Miguens, no comprendo a qué hace referencia en su nota Chávez parece ignorar que Marx odiaba a Bolívar, del 25 de octubre, cuando dice: "Sin embargo, todavía dos años después de esta condena, el 15 de febrero de 1899, Engels sigue en su posición escribiendo contra Bakunin…", teniendo en cuenta que Bakunin muere en julio de 1876 y Engels, en agosto del año 1895.»

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