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| Lucila Castro
La Nación, Argentina
Lunes, 16 de junio del 2008

PRESENCIAS Y AUSENCIAS EN LOS DICCIONARIOS

EL profesor Jorge M. Avilés propone «incorporar masivamente los adverbios faltantes, dado que no se ha agregado el sufijo -mente al respectivo adjetivo». Al pedírsele que aclare dónde quiere incorporarlos, responde: «Me refiero a los diccionarios completos o, en realidad, incompletos, porque todos los adverbios nuevos por incorporar, en principio, se formarían agregando el sufijo a los respectivos adjetivos».


Yo, en cambio, eliminaría algunos, de significado deducible. Sobre cualquier adjetivo calificativo puede construirse un adverbio de modo que signifique 'de manera tal' , añadiendo el sufijo -mente al adjetivo o, si este es de dos terminaciones, a su forma femenina. Cualquier hablante puede hacerlo y construir una forma que tal vez no haya oído nunca o que hasta es posible que nadie haya dicho jamás.

Los diccionarios suelen registrar muchos de estos adverbios, pero no todos. De algunos puede decirse con seguridad que «existen» porque son tan frecuentes que todo el mundo los tiene registrados, pero de otros no puede asegurarse que nadie los haya dicho alguna vez. Entonces, ¿cuál es el criterio para incluirlos o no? ¿Dónde está el límite? ¿Por qué amablemente sí y amistosamente no? A mí me consta que amistosamente «existe» porque yo misma lo he usado.

Estos adverbios se forman tan regularmente y son de significado tan claro que incluirlos a todos en un diccionario sería como pretender incluir todas las formas posibles de los paradigmas de todos los verbos como entradas separadas: un desperdicio de espacio. Los diccionarios no lo hacen siquiera con las formas irregulares de los verbos. Además, nadie puede tener registradas todas las formas que se han usado alguna vez de todos los verbos. Nadie puede asegurar, de todas las formas posibles, que tal y tal se hayan usado alguna vez o que no se usaron nunca, pero el que necesite usarlas tiene a su disposición los elementos léxicos y morfológicos para construirlas. Y el que las oye o las lee las entiende, aunque no las haya oído o leído nunca, si conoce las raíces y sufijos. Lo mismo ocurre con los adverbios en -mente, aunque no sean construcciones morfológicas de flexión, como la conjugación verbal, sino de derivación. Todos los adverbios en -mente que significan simplemente 'de manera tal' podrían ser eliminados de los diccionarios.

Pero algunos deben ser incluidos porque no todos son de significado deducible. Tomemos, por ejemplo, livianamente. Es un adverbio de modo, pero no corresponde a todas las acepciones del adjetivo liviano, sino a las que se refieren a una manera de hablar o de actuar, 'con ligereza' o 'superficialmente'. Esto el lector del diccionario no puede adivinarlo; por lo tanto, el adverbio debe figurar con las definiciones correspondientes. Hay también adverbios en -mente que no son de modo. Estos también deben ser incluidos, porque tienen un significado diferente, por ejemplo recientemente, que significa 'en tiempo reciente'.

El criterio podría ser, entonces, excluir los de significado deducible e incluir los que, por alguna razón, necesitan ser definidos. Esto, por supuesto, debe decirse en el «manual de instrucciones» que todos los diccionarios traen al comienzo y que los usuarios, lamentablemente, casi nunca leen.

Solo aproximaciones

Escribe también el profesor Avilés: «Un caso paralelo existe con los sinónimos: no se respeta la regla de reciprocidad. Entonces, si en un caso se dice que A tiene B como sinónimo, luego buscamos en B y A no aparece entre los sinónimos. Yo mismo, que no estoy en esta especialidad, hice la comprobación, y el nuevo diccionario de sinónimos se incrementó enormemente (más del 60 %, si recuerdo bien). Me permito indicar que el diccionario de sinónimos de la lengua francesa hecho en Canadá (Druide) tiene más de un millón de relaciones sinonímicas, todas recíprocas. Nuestra lengua debe de acercarse a estas cifras, estimo».

No sé a qué diccionario de sinónimos se refiere el lector cuando dice que «se incrementó enormemente», pero digamos que estos diccionarios pueden ser instrumentos peligrosos. Si los diccionarios en general son abstracciones, los de sinónimos lo son más todavía, porque la sinonimia perfecta no existe. Las largas listas de palabras que traen son solo aproximaciones que, fuera de contexto, pueden dar lugar a errores graves. Por eso hay que usarlos con mucho cuidado.

Para que dos palabras fueran sinónimos, deberían poder ocupar los mismos contextos. Esto significa no solo designar la misma cosa (lo que suele entenderse por tener el mismo significado), sino tener el mismo régimen, ser las dos igualmente frecuentes y pertenecer al mismo registro. Eso no ocurre. Si dos palabras designan aparentemente la misma cosa, es posible que una tenga un significado más amplio que la otra, por lo que la reciprocidad que pide el lector no se da: A puede ser sinónimo (siempre por aproximación) de B y B no ser sinónimo de A.

También puede ocurrir que dos palabras tengan una acepción en común y otras no compartidas. Por ejemplo, en su acepción más frecuente, cara y rostro designan exactamente el mismo objeto, tanto que en los diccionarios rostro suele remitir a cara. Pero ¿pueden considerarse verdaderos sinónimos? El sustantivo rostro es mucho más rebuscado que cara y ni siquiera en esa acepción común es intercambiable con cara en todos los contextos. Un caso extremo se da cuando una de esas palabras pertenece al léxico general y la otra es un tecnicismo. Un escritor que pretendía describir un estado de tristeza declaró en una entrevista: «Me fui con el pericardio oprimido». Quiso ser anatómicamente preciso y no comprendió que en ese contexto debería haber usado la palabra corazón. Tampoco pueden considerarse sinónimos palabras con regímenes diferentes, porque no son intercambiables. Los verbos preguntar e interrogar pueden designar la misma acción, pero se dice preguntar algo a alguien e interrogar a alguien sobre o acerca de algo, por lo que no pueden ocupar los mismos contextos. Lo mismo ocurre con aportar y contribuir, porque se dice aportar algo a algo y contribuir a algo con algo.

Por eso digo que los diccionarios de sinónimos, sin ejemplos de uso y a veces sin indicación de las acepciones a las que corresponden los sinónimos, son peligrosos. Una obra excelente como el Druide, que menciona el lector, puede ser muy útil, si se usa bien. Pero pretender embellecer nuestra redacción reemplazando la palabra que nos surge naturalmente por otra más elegante encontrada en un diccionario de sinónimos puede provocar un desastre. En otro tiempo, los redactores noveles de los diarios solían hacerlo. Ahora, con otras urgencias y menos preocupados por la escritura bonita, para bien o para mal, raramente lo hacen.

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