Noticias del español

| |

| Alfredo Martín
www.abc.es, España
Sábado,29 de mayo del 2010

PLACER Y LENGUAJE

Muchas veces nos vemos abrumados, sin reacción, ni comentario, ante una comida deliciosa, un vino especial, una película excelente, un musical memorable o cualquier espectáculo, actividad o producto consumible. Son silencios que delatan que en la gastronomía, también es necesario un vocabulario específico, «especializado», como en las artes visuales, la música, el cine, los deportes...


Vemos que el mundo del vino tiene sus vocablos: negramoll, merseguera o escanyagos, tanino, volátil, sulfito… que apenas se emplean en otras disciplinas. También, dependiendo del contexto, la palabra tiene distintos significados: así «apagado» es vino de color poco vivo, referido a persona es falto de genio o si hablamos de cava es poco efervescente.

Generalmente, al lenguaje del vino se le acusa de cierta extravagancia, de absurdo e impreciso. No deja de ser cierto, pero no es más impreciso que el de los críticos de música o de las artes visuales, ambos tratan del gusto y la percepción. Las palabras para designar sensaciones son una cuestión de imaginación, de claridad, de precisión y de cultura de oficio.

Deben ser evocadoras y se consiguen a base de una práctica meticulosa, dura y disciplinada. La verborrea y la prosa inflada sobran. Hay mucho seudo entendido que definen los vinos con un torrente de adjetivos que apenas guardan relación con el producto en cuestión y que muchas veces están más cerca del absurdo que de la realidad.

En determinadas situaciones, necesitamos describir sensaciones individuales, comunicar pasión, compartir placer. Suponen un reto a nuestra capacidad de percibir y describir, de un modo muy similar al que plantean las bellas artes.

Ya lo dijo Confucio: «Yo quisiera mejorar el lenguaje». ¿Qué significaba mejorar el lenguaje? Y Confucio aclaró: «Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas. Y si no hay obras verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral. Por esto no se permitan la arbitrariedad con las palabras… lo más importante es la precisión del lenguaje».

La corrección lingüística supone uno de los ejercicios más sutiles. Es frecuente y erróneo, creer que ésta se circunscribe a los ámbitos literarios. Será vital donde haya un mensaje, donde se pretenda completar un proceso comunicativo, donde haya emisor y receptor, donde esté el placer escogido, opulento, rico.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: