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Federico Romero

Revista Entrelineas.es

¿PERO QUÉ LE ESTÁIS HACIENDO A ‘MIS’ PALABRAS?


Un vistazo rápido al cambio de significado de algunos términos tradicionales españoles 





Federico Romero



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Que las palabras cambian de significado con el tiempo y que eso, además, ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá es algo que se da por descontado y que no preocupa en exceso; eso sí, hasta que el asunto empieza a afectar a voces cuyo sentido nunca habíamos sospechado que pudiera estar también en movimiento. Aquí se recogen algunas de esas modificaciones, en muchas de las cuales el influjo del inglés desempeña una función destacada.

Los hablantes tenemos con nuestro idioma materno una peculiar relación afectiva. Es ley de vida que las lenguas evolucionen, y que lo haga, por tanto, el sentido de algunas voces. Sin embargo, inconscientemente se consideran intocables ciertas normas y significados aprendidos de padres y maestros. Por eso, cualquier cambio resulta como una ofensa a los antepasados y un atentado a una de las pocas cosas estables de la vida. 

Es entonces cuando sobreviene el respingo, la sensación de que se mueve el suelo bajo los pies. Este núcleo irreductible es diferente para cada uno y varía con la edad, pero hasta el más acomodaticio es capaz de proferir un «¡Hasta ahí podíamos llegar!» si se traspasan ciertas lindes, si se manosean nuestras palabras. 

Pero, a despecho de tan íntimas irritaciones, los significados se mueven (como todo lo demás). A modo de ilustración, proponemos un puñado de voces españolas que han visto modificados los suyos en las últimas décadas, no sin enconada resistencia por parte de buen número de estudiosos e infinidad de hablantes. La mayor parte de los casos traslucen la influencia de otros idiomas —muy especialmente, el peso cada vez mayor del inglés en nuestra lengua—, pero en otros late simplemente una ocurrencia que hizo fortuna… 

Patético. El Diccionario de la lengua española (DRAE) define patético como: ‘Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía’. Patética llamaría alguien de más de treinta años a la Piedad, de Miguel Ángel; a la Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, o a la Sinfonía n.º 6, de Chaikovski, denominada precisamente Patética. Todas estas obras, además de conmovernos, infunden una sensación de tremendo respeto por la emoción que expresan. Resulta patética una imagen de niños muriéndose de desnutrición o de una familia expulsada de su casa por haber sido embargada. Pero este significado parece tener los días contados. Por influencia del inglés se han colado otras acepciones del adjetivo, las de ‘penoso’, ‘despreciable’, ‘lamentable’, que se están imponiendo a marchas forzadas; por ejemplo, en la frase: «Tía, eres patética. ¿Cómo se te ocurre ponerte ese vestido?». 

Versátil. En la actualidad, casi nadie se ofende si dicen de él que es versátil. Más bien lo tomará como un elogio, pensando que se refieren a que es, como dice el DRAE, ‘capaz de adaptarse con facilidad y rapidez a diversas funciones’, cualidad muy estimable en tiempos de escasa estabilidad laboral.

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