Noticias del español

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| Efraín Osorio
La Patria, (Colombia)
Viernes, 8 de agosto del 2008

PERÍODO, AÚN-AUN, DESGAÑITARSE

«PERIÓDO. Sólo los payos ignoran que ha de decirse 'período'».


El padre Pierre Berit, francés, rector de la Escuela Apostólica de Santa Rosa de Cabal a mediados del siglo pasado, tocaba la campanilla cada vez que el alumno de turno, durante su lectura en el comedor, maltrataba una oración, no vocalizaba bien, o pronunciaba 'pe-rió-do' en vez de 'pe-rí-o-do'. O 'zo-diá-co' por 'zo-dí-a-co'.


El muy recordado sacerdote habría corregido también la siguiente frase de El Tiempo: «… en las remotas aldeas de la selva o en las paridisiacas playas del sur…» (Internacional, VII-13-08), porque la falta de la tilde en 'paradisiacas' obliga a pronunciar 'pa-ra-di-siá-cas' (5 sílabas), conservando el diptongo, en lugar de 'pa-ra-di-sí-a-cas' (6 sílabas), disolviéndolo, como debe ser.

Acerca de esto, don Rufino J. Cuervo anota: «Período es, lo mismo que el anterior (etíope), tetrasílabo, y tiene que ser esdrújulo, pe-rí-o-do, como lo son los demás compuestos del griego 'hodos' (camino, vía), v- gr. método, éxodo, sínodo» (Apuntaciones críticas, 158). Solamente los poetas podían violar esta norma, y otras, cuando, para 'cuadrar' un verso, tenían que recurrir a las 'licencias poéticas', como lo hizo el maestro Guillermo Valencia en esta estrofa: «Por la miel de tus besos te daré Tiberiades, / y ella dícele: En cambio de tus muertas ciudades, / dame a ver la cabeza del esenio en un plato». (Salomé y Yoakanann).

Habla ahí el poeta del lago Tiberíades ('Ti-be-rí-a-des'), de Palestina, atravesado por el río Jordán, y llamado también mar de Galilea. Pero la Academia, en alguno de sus diccionarios del siglo XIX, o quizás del XX, borró todo lo anterior, y decidió, irreflexivamente y en contra de la uniformidad del idioma, admitir las dos pronunciaciones en todas esas palabras, así: período o periodo; zodíaco o zodiaco; elegíaco o elegiaco; cardíaco o cardiaco; afrodisíaco o afrodisiaco; hipocondríaco o hipocondriaco; maníaco o maniaco; simoníaco o simoniaco, etc. ¿Gustos? Sea como fuere, yo me quedo con lo que anota el respetado académico Roberto Restrepo: «PERIÓDO. Sólo los payos ignoran que ha de decirse 'período'» (Apuntaciones idiomáticas). -¿Payo? -Es el mismísimo 'ñuco' de nosotros. Don Roberto, ¿qué dirán sus colegas de la Academia de este apelativo?

Las dos frases siguientes son del columnista de LA PATRIA Julio Restrepo Ospina: «Nuestro país aún padece malos resultados del modelo neoliberal»; «… se estaba acusando al gobierno de Colombia de complaciente y aún de cómplice con los autores de tantas matanzas…». En éstas es patente la dificultad que tienen los redactores para establecer la diferencia que hay entre el 'aún' (tónico —todavía—), correcto en la primera; y el 'aun' (átono —hasta, inclusive—), incorrecto en la segunda, porque le chantó la tilde.

En la misma piedra se tropezó el politólogo Alfredo Rangel, que de la siguiente manera se despachó: «Esos funcionarios aún no han sido vencidos en juicio…»; «Más grave aun, cuando los mismos jueces permiten que se les cuestione su neutralidad» (Corte abusiva, Semana, No. 1.365). En ambas oraciones, el término debe llevar la tilde, porque en las dos significa 'todavía'. Y el señor Daniel Samper Ospina, en la última escondida página de la misma edición de Semana, escribe: «Aun más: debería lanzarse en nombre de 'Por el país que soñamos'». «Aún más», señor, porque ahí significa 'todavía'.

Otros ejemplos: «…hay unos muy adecuados por el lenguaje que utilizan, aún discrepando de quien ha producido el trabajo» (Jorge Raad Aljure, LA PATRIA, VII-15-08). «Aun discrepando», doctor, sin tilde, porque ahí quiere decir 'hasta'; «Más grave aun, las juntas directivas de nuestras empresas también son entes burocratizados…» (Ibídem, Ricardo Mejía Cano). «Más grave aún», don Ricardo, porque es como si escribiera «más grave todavía». Con todas estas muestras quiero hacer hincapié en la obligación que tienen los profesionales de las letras de analizar, analizar y analizar.

El señor Juan Pablo Giraldo llamó a la Línea Directa de LA PATRIA, el 15 de julio, para quejarse de que otro llamador había empleado dos palabras que el castellano no tiene: 'desgañitar' y 'jodentud'. Tiene razón, en parte, con la primera, porque éste es un verbo ciento por ciento pronominal, que nunca admite complemento directo, y que debe ser enunciado 'desgañitarse' («Gritar o vocear esforzándose mucho»), compuesto del prefijo 'des' (en demasía) y del sustantivo latino gannitus (gañido, gruñido, gemido) —a través del verbo gannire— (gañir, gruñir, gemir, refunfuñar). Los diccionarios dan como sinónimos 'desgañifarse', 'desgañirse', 'desgargantarse', 'desgalillarse', etc. En cuanto a la otra palabreja, 'jodentud', lo único que pretendió con ella don Cecilio Rojas, el culpable, fue ponerle un poco de humor a su llamada, para así tratar de hacer más llevadera la vida en este «Valle de lágrimas».

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