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PERDIDOS EN EL ESPACIO

Emilio Bernal Labrada
El Diario (Nueva York)
Miércoles, 4 de Octubre del 2006

Así se llamó una serie televisiva años atrás. Pero ahora la están interpretando, sin querer, nuestros amigos los presentadores noticieros, que ya no sólo sufren de Poca Visión, sino que están ultraperdidos en el vacío interestelar.


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Prueba de ello dieron cuando nos anunciaron que, puesto que era «tiempo de una pausa», nos iban a contar seguidamente «lo que se perdieron los astronautas en el espacio». Fíjense que dijeron «lo que SE perdieron», que cambia todo el significado, puesto que nos da a entender que dejaron de disfrutar de algo, de tener alguna experiencia. Pero de nada de eso, se trataba, porque cuando volvieron del «tiempo» de la pausa resultó que los astronautas no SE habían perdido nada, sino que, muy por el contrario, «SE LES habían perdido unas tuercas». ¿No sería que esas tuercas se les habían perdido a los mismos locutores que nos daban la tan enrevesada noticia? Sinceramente lo creemos mucho más probable, pues ya no solamente absorben (y transmiten, irradian) toda suerte de anglómanos términos y giros, sino que tuercen y cambian la pobre sintaxis española sin el menor remordimiento.

¿Hablábamos de «tiempo»? Pues sí. Para ellos siempre es 'tiempo' ('time') de una pausa comercial, es «tiempo» ('time') de que se haga tal o cual cosa, o es 'tiempo' ('time') de poner las cosas en regla, de aclararlas. (Menos el uso del idioma, claro, que sigue cada vez más turbio).

Porque el tiempo, aunque genéricamente equivale al constante transcurso de las unidades en que solemos medirlo —minutos, días, meses, años, siglos—, es término que reservamos mayormente para épocas o largos períodos (en tiempos romanos, en tiempos del Descubrimiento), para referirnos a la meteorología (buen tiempo, tiempo lluvioso), o bien a la estación del año (tiempo otoñal, tiempo de verano). Estamos en tiempos (años, lustros, decenios) modernos, pero lo de «tiempo de una pausa» (como momento o instante inicial) no nos convence mucho.

Emilio Bernal Labrada de la Academia Norteamericana y la Real Academia Española, es autor de La prensa libre o Los crímenes del idioma.

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