Noticias del español

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| Santiago Pérez Díaz
La Nueva España (Asturias, España)
Miércoles, 21 de febrero del 2007

PENEIRANDO LA LENGUA

La exclamación del desconocido llegó a mis oídos claramente en la calle: «¡Peneiráronnos bien!». Estaba claro que la persona que hablaba se refería a un partido de fútbol perdido. Y de pronto me retrotraje a los tiempos de la infancia en que iba a la aldea y mi buela nos enseñaba a peneirar la farina del centeno, la escanda y la boroña, aunque, en realidad, en el occidente asturiano decimos piñerar en lugar de peneirar.


Gracias a esa casualidad, ha reverdecido en mi mente ese término casi olvidado, pero en una nueva acepción que nunca había oído: la de que nos han ganado con rotundidad, lo reconocemos de manera clara y no caben excusas. Un buen ejemplo de cómo una lengua va incorporando nuevos significados al léxico más tradicional. Con el paso del tiempo, ésta y otras palabras de honda raigambre asturiana han ido cayendo en desuso por el retroceso de la actividad agrícola en beneficio de la vida urbana.

Leyendo un cartel turístico había palabras que me chocaban porque no eran exactamente iguales a las que yo usaba en mi niñez. Y ante mi extrañeza, un acompañante sacó a relucir inmediatamente el asunto de la normalización del asturiano. Es decir, imponer como regla unos términos y un habla que en buena medida serían ajenos a gran parte de los asturianos. Y aquí viene el problema. ¿Qué autoridad lingüística dictaría las normas y con qué criterios? ¿Y el vocabulario de qué zona?

En buena lógica sería como peneirar —o piñerar en mi caso— la lengua para dejarla reducida a un idioma que nunca ha existido. ¿Y quién decide la piñera o cedazo que hay que usarse en detrimento de otros? Cuando leo algunos textos escritos en asturiano me recuerdan el latín macarrónico con el que en el Bachillerato pretendíamos hablar en latín o en otros idiomas extranjeros. No sólo ocurre en nuestra región; al escuchar cómo hablan por la tele algunos locutores de otras comunidades en lo que debería ser la lengua autóctona me entra la risa y el escepticismo. Es un castellano desvirtuado, con abuso de las terminaciones usuales, más los aumentativos y diminutivos característicos de la palabras de esos idiomas, salpimentadas con un poco de acento local (a veces ni eso).

Un hipotético proceso de normalización seguiría una de estas dos directrices radicalmente opuestas. Una sería un idioma de nueva creación a partir de vocablos y expresiones recogidos de aquí y de allá en diferentes lugares geográficos, cosidos entre sí a la fuerza; esto daría como resultado un batúa que, por mucha voluntad que se ponga en el empeño, no sería más que algo falso e impostado, algo ficticio que nunca se ha hablado en la vida diaria.

La otra alternativa podría ser la de adoptar el lenguaje de las obras de teatro del costumbrismo asturiano, que en puridad sólo eran un dialecto fino del castellano. (Las piezas impecables y siempre elegantes de un Eladio Verde, por ejemplo).

Una normalización supondría la pérdida de la riqueza lingüística y la forma de expresarse de muchas personas durante generaciones y generaciones. ¿Por qué dejar en el olvido palabras como xubeixo, replín, trichorias o nidio, por citar sólo unas pocas, que a buen seguro no entrarían dentro de la normalización? En el habla cotidiana, ¿habría que renunciar en el occidente a decir 'né' por 'muller', en las frases interrogativas o exclamativas, o 'nenos' por 'guajes'?; aunque este último concepto lo haya popularizado David Villa en toda España gracias a sus habilidades futbolísticas. Y eso por no hablar de la sintaxis, tan diferente y especial allende del Nalón (o aquende, según se mire). Y lo mismo ocurriría con el habla de otras latitudes.

Tengo entendido que en algunos concejos hay un servicio de traducción al bable de libros, que se editan y luego la tirada completa se archiva en los sótanos sin que nadie se ocupe de esos fondos. ¿No podrían dedicarse esos esfuerzos —humanos y financieros— a realizar un estudio del idioma en todas sus variantes para que no se perdiera ninguna de ellas? Todo menos peneirar el asturiano.

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