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| Álex Grigelmo (El País.com, España)

Películas para adultos

LA PUNTA DE LA LENGUA
El sexo y sus cercanías siempre generaron palabras tabú, sobre todo en tiempos oscuros.

Los cinéfilos adultos se suelen dividir en tres grupos: los que no ven películas para niños pero sí películas para adultos, los que ven películas para adultos y películas para niños y los que, además de ver películas para niños y películas para adultos, ven también «películas para adultos».

El sexo y sus cercanías siempre generaron palabras tabú, sobre todo durante los tiempos oscuros, pero en nuestros días de claridad se nubla el cielo de vez en cuando.

La palabra «pornografía» y su abreviación «porno» circulaban ya con discreta libertad en los años setenta, y el Diccionario definía con precisión aquello a lo que convocaban: «Presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación». «Espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía». Tanto «porno» como «pornográfico» se solían referir a películas y novelas, sin que nadie se escandalizara por el uso de esas palabras (si bien algunos sí se escandalizaban por aquello que referían; y para cuya evitación y denuncia contaban precisamente con esos vocablos, a fin de prevenir con rectitud).

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