Noticias del español

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| Shirley Cortez González
correoperu.com.pe, Perú
Domingo, 24 de enero del 2010

PARÍS OH, LA LÁ

La influencia del francés en nuestro idioma español no es algo nuevo pues su huella léxica aparece desde la Edad Media y, posteriormente, tuvo gran auge en los siglos XVIII y XIX. A las palabras que el español ha adoptado del francés se las denomina galicismos, término tomado del nombre galo, con que designaban los romanos a los habitantes de la Galia, provincia romana que abarcaba, entre otras regiones, lo que hoy es Francia.


En el siglo XI, se hizo muy popular en Europa una ruta de peregrinaje que convergía en Santiago de Compostela, al noroeste de la Península ibérica, en Galicia. En esa ciudad, en el año 813, se descubren las reliquias del apóstol Santiago y hacia allí muchos devotos se dirigirán caminando desde distintos puntos de Europa en un viaje de considerables sacrificios.

De estos peregrinos, los franceses fueron un grupo importante, tanto así que la ruta que ellos empleaban se conocía también como camino francés. A partir de este siglo y durante el siguiente muchos de ellos se establecen a lo largo del camino como colonos, formando, dentro del territorio español, barrios franceses.

Por este motivo ingresan al español peninsular muchos términos provenzales y franceses (El provenzal es una lengua de la parte sur de Francia, Provenza, lengua de Oc.), por ejemplo: homenaje, mensaje, vergel, fraire ('fraile'), mesón (establecimiento típico, donde se sirven comidas y bebidas), manjar, viandas, vinagre, entre otros.

En el siglo XVIII, el francés nuevamente cobra fuerza, producto del reinado Borbón en la Península, por un lado, y de la Ilustración, por otro. Esta influencia continúa un siglo después, pero a inicios del siglo XX desciende, pues el inglés, hasta entonces poco considerado, empieza a ganar terreno en el léxico español.

El campo de la moda se ha nutrido de muchos galicismos que hasta hoy se emplean, sin conciencia de su origen. Nos vestimos con prendas, cuyos nombres son franceses: pantalón, blusa, chaqueta, chal, corsé, frac; usamos tejidos como el satén, la franela, el piqué, el canesú.

Además, nos alojamos en la suite de un hotel; bebemos champagne (champán) en el restaurant (restaurante); felicitamos al chef por el estupendo buffet (bufé), y si no tenemos mucho dinero, nos conformamos con consomé de menú y una tacita de anís.

La reconocida cocina francesa también está presente en nuestra mesa: el suflé, el champignon (champiñón) , el croissant (cruasán), los bombones rellenos de fresa, los cortes de carne como el entrecot o el escalope, la salsa bechamel (besamel), la mayonesa, las croquetas o los canapés.

La lista de galicismos es larga y comprende distintos ámbitos de la vida cotidiana: sofá, chimenea, cómoda, parqué; avión, autobús, camión, tren, garaje, chofer; acaparar, aclimatar, cotizar, entrenar, financiar, frotar, patrullar, sabotear y muchos más. El Diccionario de la Real Academia (DRAE) registra cerca de 1800 voces de origen francés.

En conclusión, el francés ha estado presente desde los inicios de la conformación del léxico castellano y sigue siendo, actualmente, un elemento importante que lo seguirá nutriendo.

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