Noticias del español

| Álex Grijelmo (El País, España)

Paradojas léxicas

Cuando hay contradicciones de significado en un discurso o en un escrito, puede que alguna lógica esté fallando.

El origen de muchas palabras se desvanece en nuestra memoria. Eso produce a veces efectos insospechados. Por ejemplo, decimos y pensamos «no hay tu tía» para señalar que algo no tiene remedio. En realidad, la expresión más genuina en el lenguaje escrito debe juntar esas últimas dos palabras («no hay tutía»), pese a que el nuevo Diccionario recoge ya la separación (tu tía). Porque se llamó «tutía» (y antes «atutía») a un antiguo ungüento compuesto con óxido de cinc y sales metálicas que aliviaba el dolor de algunas heridas.

Esa tutía que leemos a menudo como «tu tía» procede del árabe attutíyya, y su origen más remoto se halla en el sánscrito tuttha. La grafía moderna que se escribe de vez en cuando permite unas oraciones de apariencia tan ilógica como éstas: «No hay tu tía, le dijo tu primo a tu tía».

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