Noticias del español

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| Francisco Olivencia
elfaroceutamelilla.es, España
Martes, 17 de junio del 2008

PALABRAS Y REFRANES CABALLAS

En España resulta normal la existencia de modismos o peculiaridades del lenguaje, según el lugar de que se trate, y Ceuta, como ciudad española, no es, desde luego, una excepción en ese aspecto. Sin embargo, los estudiosos del tema vienen denunciando que muchos de esos tipismos van cayendo poco a poco en el olvido, quizás como consecuencia del inmenso poder uniformador atribuible a la televisión.


En efecto; antes se oían palabras o expresiones propias de los ceutíes que, en la actualidad, están perdiendo vigencia en el uso popular. Si a un joven caballa le preguntamos acerca de lo que significan la mojarra o jachear, es bastante posible no nos sepa dar la respuesta. Y esos eran términos de lo más comunes en el habla ceutí.

Mojarra es una palabra que, como tal, no aparece en el diccionario de la Real Academia Española. Figura, eso sí, la moharra, definida como 'punta de la lanza, que comprende la cuchilla y el cubo con el que se asegura en el asta'. Como muchas palabras castellanas, proviene del árabe, en el que moharrab significa 'aguzado'. En Ceuta, convirtiendo la h en j —algo tan normal en el sur—, cuando se habla de la mojarra es para referirse a las lenguas aguzadas. «Darle a la mojarra» es criticar, censurar algo o a alguien.

En cuanto a jachear”, verbo que tampoco viene en el diccionario, si bien aparece hachear, con dos acepciones, o 'desbastar y labrar un madero con el hacha de cortar' o simplemente 'dar golpes con el hacha de cortar', ha de ser término en el cual, una vez más, se dice j por h, equivaliendo esta modalidad local a 'murmurar y criticar en grupo'. «Están jacheando», se solía decir cuando en una reunión, dos o más caballas «rajaban» sobre cualquier cuestión o persona. Eso es el jacheo, algo muy común, por otra parte.

Recuerdo igualmente la extrañeza de quienes venían destinados a Ceuta, de modo especial si eran de Despeñaperros para arriba, cuando nos oían emplear la expresión «tener bulla» en el sentido de 'tener prisa'. Para ellos, bulla significaba o 'mucha gente' o 'griterío', pero nunca prisa.

Otras modalidades del habla ceutí tienen claro origen castrense. A título de ejemplo, cabe citar cómo es aún normal —véanse, si no, las hemerotecas— que se hable de barracones, refiriéndose a construcciones que en cualquier otra parte de España reciben el nombre de naves. Una y otra vez, al ser ocupados por inmigrantes irregulares o, en su caso, al producirse allí incendios, salen a la palestra «los barracones del Sardinero», que son naves construidas en su día por la empresa Decocesa para el almacenamiento de mercancías sin que perdiesen su nacionalidad de origen, de acuerdo con la Ley de Bases de 1955. La palabra barracón, puramente militar, se define en el diccionario como 'edificio rectangular para alojar tropas'.

También se ha utilizado en Ceuta la palabra barraca para referirse a lo que, en la Península, es más conocido con la denominación de chabola, según el diccionario 'vivienda de escasas proporciones y pobre construcción, que suele edificarse en zonas suburbanas'. Las barracas son, más bien, las casas de labor comunes en las huertas valenciana y murciana.

El pasado domingo recordé aquellos «jota, jota, jo» con los que se animaba al equipo local, y que ya no se oyen en el Alfonso Murube. Cuenta la tradición que hace muchos años, desde luego antes de la guerra civil, vino a nuestra ciudad un equipo de waterpolo gibraltareño, cuyos componentes, antes de iniciar el partido, se unían para darse ánimo con esa expresión, adoptada enseguida por la afición futbolística local. Lástima que haya sido olvidada, porque era una peculiaridad que daba carácter a nuestro estadio, y que quizás hoy, en esta tarde de nervios, sea cantada de nuevo por los nostálgicos de la Casa de Ceuta en Barcelona que acudan a animar al equipo caballa en el estadio de Gerona, donde nos jugamos el todo por el todo.

Ceuta tiene —o ha tenido— refranes propios. Uno de ellos proviene de la época portuguesa, siglos XV a XVII, y es el que por aquel entonces debía decirse más o menos «quando con levante llove, até as pedras move», y que se continúa invocando, ya en castellano: «Cuando con levante llueve, hasta las piedras mueve» o «se mueven», pues se dice de las dos formas.

Otro refrán ceutí, éste ya prácticamente olvidado, era el que rezaba «la Justicia y el Derecho no atraviesan el Estrecho». Durante muchísimo tiempo, como plaza militar, el poder judicial estuvo atribuido aquí a la máxima autoridad del Ejército, y el pueblo se quejaba de ello. La verdad es que, en época menos lejana, cuando ya funcionaban en Ceuta los tribunales civiles, existían ciertas peculiaridades dignas de ser recordadas. Creo que hasta el advenimiento de la democracia —quizás hasta algunos años antes— la autoridad administrativa tenía en sus manos un sistema harto singular, el de la «deportación». Cuando alguien, a juicio de dicha autoridad, se comportaba de modo incívico, se le ponía en Algeciras, sin que cupiese recurso y con prohibición de retornar a nuestra ciudad. De ahí surgió otro término característico, otra curiosa variedad usada por el pueblo llano, puesto que, al referirse a alguna víctima de dicho sistema, se decía popularmente que lo habían reportado, así, con r y no con d. Por fortuna, ya no es posible legalmente utilizar ese procedimiento tan expeditivo como injusto.

De cualquier forma (cuando se nos olvida, se nos margina, cuando, sin permitirles ninguna salida y sin aplicar los preceptos estrictos de la Ley de Extranjería, se ejerce la política de mantener a gentes «sin papeles» —cuya meta está más allá del Estrecho— campando durante meses y años por la ciudad, y, de modo especial, por un lugar tan esencial y delicado como «La Puntilla», o también cuando se aplican otras medidas dañinas para Ceuta) hay ocasiones en las cuales, por desgracia, da la sensación de que aquel viejo refrán, «la Justicia y el Derecho no atraviesan el Estrecho», parece recuperar su plena vigencia.

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