Noticias del español

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| Ramon Solsona
La Vanguardia, España
Jueves, 2 de agosto del 2010

PALABRAS VIAJERAS: MUJERES BIEN AFEITADAS

Cosmético, afeitar, afeite y maquillaje. Las palabras referidas al ciudado del cuerpo y, especialmente, a resaltar la belleza del rostro femenino tienen orígenes muy dispares.


Si buscan kósmos en un diccionario de griego clásico, la primera acepción que encontrarán no hace referencia al universo, sino al orden. Kósmos es tanto el orden del mundo como el orden social y personal. Por eso significa también «decoro», «construcción», «disciplina», «honor» y «adorno». Porque el adorno (del latín ornare, «adornar») equilibra, realza la perfección del orden. Los griegos tenían el kosmétes, un criado que se encargaba de la kosmetiké techné, el arte de los adornos, especialmente femeninos. Queda clara, pues, la etimología de cosmético y cosmética y su relación con cosmos. Todo en orden.

¿La cosmética crea belleza donde no había, la realza o la estropea por exceso de afectación? La palabra afectación tiene aquí su porqué. El adjetivo latino affectatus (artificioso, afectado) es la base del castellano afeitar. Primero significó «adornar, hermosear» y luego generó el nombre común afeite para referirse a ungüentos, perfumes, aceites, polvos y aderezos para acicalarse. Al principio del siglo XVII, Sebastián de Covarrubias hablaba así del afeite: «Particularmente el que las mujeres se ponen en la cara, manos y pechos, para parecer blancas y rojas aunque sean negras y descoloridas, desmintiendo a la naturaleza y, queriendo salir con lo imposible, se pretenden mudar el pellejo». Afeitarse era, pues, adornarse, componerse, hermosearse.

La coquetería del afeite alcanzó también a los hombres, que pasaron de raer los pelos de la cara a afeitarlos. Es curiosa la derivación coloquial de afeitar en catalán, que por un lado significa robar (afeitar els diners, la cartera) y por otro cuenta con la expresión demà m’afaitaràs para negarse irónicamente a acceder a las peticiones de alguien.

Hoy no se habla de afeites, sino de cosméticos y de maquillaje. Esta palabra llegó a principios del siglo XX, posiblemente primero en catalán, procedente del francés. Maquiller y maquillage están documentadas desde el siglo XV, pero hacia 1840 se especializaron en la jerga teatral francesa para referirse a la caracterización de los actores para adoptar los atributos de los personajes.

Pasaron al lenguaje general, pero conservando cierta retranca del, artificio y la falsedad propios de una puesta en escena. Tanto en francés como en otras lenguas se maquilla la verdad, se maquillan unos malos resultados, se maquillan los errores propios… En italiano es más transparente. Maquillarse es truccarsi y al maquillaje se le llama trucco. Más claro, el agua.

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