Noticias del español

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| Ramon Solsona
La Vanguardia, España
Viernes, 27 de agosto del 2010

PALABRAS VIAJERAS: CUIDADO CON EL PERRO

Perro es una palabra muy perra que trae de cabeza a los historiadores de la lengua. No se sabe de dónde viene ni cómo logró desplazar al linajudo can.


Lo explica Joan Coromines a propósito de perro: «Vocablo exclusivo del castellano, que en la Edad Media sólo se emplea como término peyorativo y popular frente a can, vocablo noble y tradicional. Origen incierto, probablemente de creación expresiva, quizás fundada en la voz prrr, brrr, con que los pastores incitan al perro». También el catalán gos es una incógnita muy perra que no se sabe exactamente de dónde sale. Pero no es de uso general, pues en Baleares y el Rosellón la forma preferente es ca.

Del griego kyon, transformado en el latín canis, surgieron can, ca, chien, cane, câine,cão, en las diversas lenguas románicas. Y unos cuantos derivados, como el italiano canaglia, que añade a cane (perro) el sufijo de carácter colectivo -aglia. Canaglia (literalmente, conjunto de perros) designó a la gente baja y de mala vida. Con este significado pasó al castellano común del XVI y formó los derivados canallada y canallesco. Lo curioso es que, en catalán, canalla mantuvo el mismo sentido de gente ruin y despreciable al mismo tiempo que adoptaba otro mucho más benigno para referirse afectuosamente a los niños. La explicación de este fenómeno es la tendencia de las lenguas a calificar a los pequeños con palabras que parecen insultos pero que en realidad son bromas cariñosas.

Perro, gos, dog

En la Edad Media surgen palabras tan comunes como estas que resultan misteriosas por su origen oscuro en los tres casos.

¿Viene caniche de can? No. Esa palabra parte de cane, el femenino de canard (pato) en francés. La conexión entre el pato y el caniche se explica por la afición de este perro por lanzarse al agua y chapotear. Otro nombre de origen francés es el ridículo lulú. No es serio llamar así a un animal, aunque sea de compañía. Si el lulú pudiera hablar

apelaría a los fundamentos etimológicos, el francés loup-loup (lobo-lobo), que, al ser pronunciado (lu-lu), se convierte en una cursilería. Digamos, en fin, que el más francés de los perros es el galgo, pues lo dice la propia palabra. A pesar de que a esta raza se la califica de cien por cien española, galgo procede directamente del latín canis gallicus (perro galo).

Un perro lingüísticamente híbrido es el fox terrier. Es anglosajón por el nombre fox (zorro) y francés por el apellido terrier (madriguera), debido a la habilidad para cazar animales que se esconden en sus guaridas. Por cierto, si no hemos mencionado todavía el inglés dog es porque se trata de otra palabra perra, otro perro callejero sin padre ni madre.

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