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| Teresa Valdés Betancourt, maestra en Ciencias de la Comunicación
ecosdelacosta.com.mx, México
Miércoles, 3 de diciembre del 2008

PALABRAS SIN SILENCIOS NI AUSENCIAS

Muchas veces durante esta larga batalla por la equidad de género y la búsqueda de igualdad de oportunidades, las mujeres afrontan la disyuntiva de asumir y comprender las fusiones y rupturas que significan abrir nuevos caminos.


Casi siempre al valorar un suceso de la vida, familiar, laboral o comunitaria, incluimos en el análisis aciertos y errores, al describir los detalles de los hechos acaecidos. Pero eso no es suficiente. Hay que ampliar el prisma o la vara para medir el alcance de la propuesta en aras de evitar repetir los errores.

Entonces, debemos esclarecer conceptos, desmontar tradiciones y romper esquemas de una cultura que renace con propuestas por un mundo mejor.

Palabras como violencia, intimidación, amenaza, miedo, desconfianza, discriminación, retardan el acceso de las mujeres a ese futuro más democrático y justiciero, donde debemos participar juntos de manera consciente, hombres y mujeres.

Es una necesidad consolidar las acciones afirmativas que propicia la aplicación de esta jornada anual, instituida por la ONU, a través de la Resolución 54/134, de día 17 de diciembre de 1999, denominada Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Para obtener esas metas promovidas por el Instituto Colimense de las Mujeres, hay que analizar los resultados alcanzados por el conjunto de instituciones estatales y sociales en todos los municipios. Se demanda también la convocatoria para abrir las páginas de los diccionarios, las revistas, los libros de texto, con el objetivo de ampliar el reconocimiento de las acciones femeninas que sirvan de ejemplo a futuras generaciones.

Lo que hacen, hoy por hoy, las mujeres en la sociedad rural y urbana, en la industria, la docencia, la administración, la política, los servicios, queda invisible porque no es reproducido ni en los medios audiovisuales ni en las expresiones verbales cotidianas. Ese silencio aterrador también es violencia y discrimina por omisión.

Todavía alguien nos acusa que se enrarece el lenguaje cuando reclamamos el uso adecuado de la perspectiva de género para identificar las acciones que se llevan a cabo por una u otra persona masculina o femenina.

Como respuesta contundente a semejante acusación, acudo al artículo de Sexismo en el lenguaje: apuntes básicos, de Teresa Meana Suárez, editorial Artemisa Comunicación Ediciones Buenos Aires Argentina 2007, donde se argumenta:

«…Queremos nombrar la diferencia. Decir niños y niñas, o madres y padres no es una repetición, no es duplicar el lenguaje. Duplicar es hacer una copia igual a otra y éste no es el caso. La diferencia sexual está dada, no es la lengua quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla puesto existe. No nombrar esa diferencia es no respetar el derecho a la existencia y a la representación de esa existencia en el lenguaje.»

Esta valoración aumenta nuestra conciencia social al problema. La subjetividad se redimensiona, la historia individual y colectiva de ambos sexos hay que multiplicarla en cada uno de los mensajes. No podemos ver a las mujeres de manera aislada a los hechos que suceden, hay que hacerlas visibles en cada caso.

Los silencios y las ausencias de la presencia femenina también forman parte de una discriminación real, palpable aunque no se vea porque fortalece una cultura inconclusa y patriarcal, desde su parcialidad sexista y excluyente.

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