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Palabras para regalar a los pacientes

El Grupo Quirón obsequia a los enfermos ingresados un diccionario redactado por sus médicos.


Las palabras tienen diversas acepciones que se compilan en gruesos diccionarios. Pero además, en cada persona evocan recuerdos, conocimientos, lugares… La palabra estornudo no supone lo mismo para un mecánico que para un alergólogo.

Medio centenar de facultativos del Grupo Hospitalario Quirón ha elaborado un Diccionario médico-sentimental en el que han dado rienda suelta a sus conocimientos y reflexiones en torno a un puñado de palabras. El resultado es un texto en el que se aprende algo de Historia y un poco de Medicina de forma amena.

Un alergólogo cuenta, por ejemplo, que es casi imposible estornudar sin mover la cabeza porque ese movimiento ayuda a expulsar las sustancias irritantes del aparato respiratorio. Y relata además que en épocas pasadas se interpretaba ese gesto como una señal divina.

Estornudar por la tarde era de buen augurio; por la mañana, malo.

El diccionario —elaborado a base de relatos como éste— se regaló el pasado jueves a los pacientes ingresados en hospitales del grupo, entre ellos, el de Málaga (España). Este singular libro también incluye una definición de autopista. Y a continuación, un cirujano vascular compara esa infraestructura viaria con la circulación del cuerpo humano. Con extraordinaria pedagogía describe que el organismo también tiene su propio sistema de carreteras. Unas autopistas son de salida —las arterias, que llevan la sangre del corazón al resto del cuerpo— y otras, de entrada —las venas, que la traen de vuelta—.

A partir de la palabra cámara, un especialista en diagnóstico por imágenes hace un repaso a cómo han evolucionado esas pruebas desde los primeros rayos X. En su descripción explica que la ecografía se desarrolló a partir del sonar empleado por los submarinos en la Segunda Guerra Mundial. Luego hace una metáfora filosófica de su profesión: «Soy fotógrafo de interiores. Mis fotografías no captan paisajes, pero son capaces de mostrar la perfección de nuestro organismo, el paso del tiempo, las funciones del cerebro, la salud y la enfermedad».

En el diccionario —que salió a la venta en noviembre— también se derrumban asociaciones atávicas. «El amor no reside en el corazón. El corazón sólo es la electricidad que le hace latir, el músculo que eyecta sangre y las arterias coronarias que nutren ese músculo. Nada más, no contiene amor ni emociones». Para cultura general de los que lean el texto, relata que ese halo místico comenzó a disolverse cuando en 1929 el médico alemán Werner Forsmann demostró que se podía introducir un catéter desde el brazo hasta el corazón. Aquella innovación fue considerada una profanación y a punto estuvo de costarle el despido al tal Forsmann. Años después, cuando la técnica revolucionó la Medicina, a aquel osado facultativo le dieron el Nobel: había creado el cateterismo. Miles de personas salvan hoy sus vidas gracias a este sistema que sirve tanto para diagnosticar como para tratar enfermedades del corazón.

Los especialistas escogidos para definir cada palabra no son al azar. Existe una relación entre el término y su trabajo diario. Por ejemplo, el apartado dedicado al aroma se encargó a un otorrinolaringólogo. El facultativo explica que el hecho de que el hombre tenga este sentido menos desarrollado que los animales se asocia a la posición erguida del ser humano «que separa nuestra nariz del suelo, que es donde más olores se concentran». Aún así, sostiene que los olores también forman parte de la memoria. Y al hilo de este dato rescata una anécdota de cuando Napoleón volvía a París y le pidió a su amada: «Josefina, no te bañes. Llego dentro de tres días». Por fortuna para nuestras narices, algo se ha avanzado.

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