Noticias del español

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| Julio Carmona
Correo, Perú
Martes, 4 de agosto del 2009

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS

En un principio, la palabra crisis no aludía a una situación social, sino biológica. Antes que con la economía, estaba ligada con la medicina. Georges Duhamel —intelectual y médico francés de mediados del siglo pasado— recordaba lo siguiente: «La palabra crisis es, antes que nada, un término del lenguaje médico. Es palabra que viene del griego y significa: el fenómeno —bueno o malo— que, al sobrevenir en el curso de una enfermedad, tiene valor decisivo e inclina al observador a juzgar la coyuntura».


Y concluye Duhamel: «Nuestros viejos maestros decían, no sin optimismo, cuando un paciente llegaba a la cúspide de sus trastornos: «la crisis es salvadora». Ahora que esta palabra es usada más para referirse al cuerpo social, ojalá pudiéramos decir de esta crisis, irreversible que padecemos, que «está llegando a la cúspide», es decir, que más allá nos espera la salvación o el fin de tanto desconcierto.

El hombre vive de esperanzas y buenos deseos. Por eso se inventó la palabra «ojalá» cuyo origen se ubica en el idioma árabe, pues es con esta expresión «Oh, Alá» que sus usuarios claman a su dios. Y es probable que sea así, porque los árabes enriquecieron al idioma español con muchos vocablos: ocho siglos de permanencia en la península no son poca cosa. Y no es de extrañar, tampoco, que los pueblos primitivos le asignaran un poder mágico a la palabra. Y la religión misma es un ejemplo de cómo con los rezos o con los ruegos se espera obtener «el pan de cada día» que, se cree, lo dará dios. Pero la ilusión se desvanece frente a la cruda realidad. Y, finalmente, es el «poderoso caballero, don dinero» el que decide si hay o no hay pan. Lo terriblemente injusto es que este caballero sea un dios manipulado por unos cuantos fariseos, dueños del mundo, que deciden la suerte, la vida y la muerte de la inmensa mayoría de pobres que en el mundo son y han sido.

Y no sólo deciden la vida de los seres humanos, sino de todos los seres vivos y del medio en que viven. A propósito, me sentí tentado en repetir la manida frase «medio ambiente», pero recordé que ambas palabras significan lo mismo, son vocablos sinónimos, y al usarlos juntos equivale a estar diciendo el «medio-medio», el «ambiente-ambiente». Pero, fuerza es decirlo, las palabras —como las monedas y como los mismos hombres— se vuelven ajenas a sí mismas. Y, obviamente, no es culpa de ellas.

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