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| : María Luisa García Moreno,Revista Verde Olivo,Octubre del 2013 María Luisa García MorenoRevista Verde OlivoOctubre del 2013  

Palabra en combate: Alas de hierro y fuego (I)

Poco después de su invención, el avión había prestado ya servicios militares; aunque fue durante la Primera Guerra Mundial cuando estos aparatos comenzaron a ser empleados en misiones de ataque, defensa y reconocimiento.

La guerra impulsó el desarrollo de la tecnología relacionada con esta y otras armas. Pronto apareció el espacio para un pasajero adicional, se crearon motores más potentes y se fabricaron naves más aerodinámicas –«dicho de un cuerpo móvil, que tiene forma adecuada para disminuir la resistencia del aire»–. Un elemento que evidenciaba el desarrollo alcanzado fue la velocidad –«magnitud física que expresa el espacio recorrido por un móvil en una unidad de tiempo; su unidad en el Sistema Internacional es el metro por segundo (m/s)»–: si al inicio de la guerra los aviones no superaban los 110 km/h, al finalizar la contienda, lograban ya alcanzar los 230 km/h o más.

En realidad, por esta etapa, los aparatos aéreos actuaban casi con impunidad; ¡claro!, hasta que se empezó a desarrollar el armamento antiaéreo. Eso sí, los aviones en misión de reconocimiento con frecuencia topaban con aeronaves enemigas y si bien los primeros combates aéreos se efectuaron con el arma personal de los propios pilotos, muy pronto las naves fueron equipadas con armas de fuego a bordo –locución o frase adverbial, «en una embarcación y, por extensión, en otros vehículos»– para facilitar su defensa; aunque esto creaba una nueva complicación, pues no era posible que el piloto controlara el aparato y, a la vez, accionara el armamento.

A finales de 1914, el francés Roland Garros logró fijar una ametralladora —«arma automática, de tiro rápido y repetido, que se utiliza apoyada en el terreno»—  al frente de su aparato, lo que le permitía realizar ambas acciones, y cubrió las hélices con una placa metálica que las blindaba —del francés blinder, y este del alemán blenden, «proteger exteriormente con planchas metálicas contra los efectos de las balas, el fuego…»—;  pero, en 1915, Garros fue abatido y capturado por los alemanes, quienes pudieron estudiar y aun mejorar el sistema. Pronto todos los cazas —avión de caza o avión de combate, «aeronave militar diseñada fundamentalmente para el combate aéreo»— fueron equipados así y las batallas aéreas se convirtieron en algo común.

Justo por esta época apareció el concepto as —«persona que sobresale en un ejercicio o profesión»— de la aviación, categoría que se asignaba a aquellos pilotos que conseguían derribar en combate cinco naves enemigas o más. Por este concepto, muchos se volvieron famosos: el más renombrado fue el alemán Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, quien abatió ochenta aparatos enemigos. El más conocido de los aviones piloteados por este as fue el Fokker DR.1, que se caracterizaba por su color rojo. Richthofen fue derribado en 1918, poco antes de acabar la guerra. Todavía es considerado el mejor piloto de la historia.

Comprobada la eficacia de la aviación, durante el periodo de entreguerrass se produjo un importante desarrollo tecnológico, que se concretó en la aparición de nuevos diseños y el aumento de la potencia de los motores. Y, por supuesto, comenzó un auge de la aviación civil, en especial durante los años treinta del pasado siglo XX; pero muy pronto comenzaría una nueva guerra en la que la nueva arma probaría una vez más su mortífero poder.

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