Noticias del español

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| Enric González
El País, España
Miércoles, 5 de agosto del 2009

OXÍMORON

El oxímoron puede parecer un recurso retórico inofensivo. Ya saben, «nieve ardiente», «instante eterno» y cosas así: la yuxtaposición de dos conceptos antitéticos. Hay gente que lo utiliza con frecuencia y no me opongo: creo en las libertades individuales y, hasta cierto punto, en la tolerancia. Que cada uno haga lo que quiera, mientras no perjudique al prójimo. Es decir, estoy a favor del uso privado, pero empiezo a pensar que, como con el tabaco y la religión, habría que establecer restricciones en el uso público.


Habrá quien no vea el problema. Y ese es precisamente el problema: ya no percibimos el oxímoron. Algunos clásicos del género son tan obvios que no molestan: «música militar», por ejemplo. O aquel diario tan carca que se llamaba El pensamiento navarro y cuyas opiniones se caracterizaban por un absoluto desprecio hacia cualquier actividad intelectual.

Esto ha cambiado. Ahora, hasta personas sensatas dicen «fuerza de paz» cuando se habla de enviar tropas al extranjero. El caso es que en el oxímoron modemo una de las dos partes constituye, siempre, una mentira puñetera. Y cuanto más mentira, mejor cuela.

El oxímoron más feligroso de nuestros tiempos fue creado casi como un insulto hace más de medio siglo. En los años cuarenta, Adorno y otros filósofos de la Escuda de Francfort acuñaron el oxímoron «industria cultural» para definir la mercantilización de la cultura y su uso por parte de las clases dominantes como instrumento de control sobre la sociedad.

Ya ven lo que ha currido. La «industria cultural» se llama a sí misma «industria cultura», y lo hace con orgullo. Dicha industria vive mayormente del fútbol, de melodías más o menos contagiosas y de Spiderman VIII, pero ojo, es «cultural». Quien copia o utiliza sin pasar por caja uno de sus productos registrados comete el peor de los delitos: contribuye a la destrucción de la cultura. Cuando alguien se baja de Internet Ángeles y demonios (allá cada cual con sus vicios), las artes, las letras y el pensamiento entran en crisis.

Se lo ruego: cada vez que lean o escuchen la expresión «industria cultural», sustitúyanla mentalmente por «negocio». Lo entenderán todo mucho mejor.

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