Noticias del español

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| Néstor Ramírez
levante-emv.com, España
Viernes, 13 de abril del 2007

ORDENO Y MANDO

El lenguaje administrativo ha cambiado en los últimos cuarenta años.


Había antes dos distintos: el empleado con las autoridades y el que se usaba con los demás. Si alguien tenía que comunicar o pedir algo a una persona de poderío, le hacía la pelota del modo más rastrero. Había fórmulas consagradas por la práctica. Trascribo la más repetida como cierre de escrito: «Es gracia que espera obtener del recto proceder de V.E. cuya vida guarde Dios muchos años para el bien de España». Uno dictaba la frase de marras de carrerilla y el o la auxiliar que la pasaba a máquina dudaba al escribirla si ponerse o no ponerse de rodillas.

Las comunicaciones dirigidas al resto del género humano eran muy otras. Si tuviera que definirlas en un par de palabras las tildaría de autoritarias y desabridas. Uno recibía un oficio del Ayuntamiento, lo leía, palidecía, lo releía con el corazón en un puño y luego daba gracias al cielo por seguir vivo. El escrito rezumaba imperativos y amenazas: «Al recibo de la presente deberá usted…en el plazo improrrogable de…le parará el perjuicio a que haya lugar».

Con la llegada de la democracia ha desaparecido el doble rasero. Ahora ya no hay escritos obsequiosos y pelotas. Todos, incluidos los dirigidos a gente importante, son desabridos y antipáticos. Yo no acabo de entenderlo. ¿Por qué no puede ser amable la Administración ¿Qué necesidad tienen los Ayuntamientos de comportarse como si tuvieran varias úlceras de estómago? Desgracian hasta las buenas noticias.

Pongamos que conceden una subvención a alguien. Lo normal sería decir: «¡Enhorabuena, majo! Nos has convencido y vamos a llenarte los bolsillos de euros. ¡Que los disfrutes con salud!», pero de eso nada. El ominoso lenguaje administrativo no puede prescindir de las amenazas. «Por acuerdo de la Junta de Gobierno —si no reza así el oficio, lo hace de forma parecida— se ha dispuesto concederle una subvención de tantos euros, cantidad que deberá reintegrar caso de no justificar su buen uso en el plazo que se le indica, mediante la presentación de una memoria que habrá de cumplimentar del siguiente modo…» y aquí sigue una lista de condiciones imposibles que impulsan al beneficiario de la subvención a renunciar a las riquezas de este mundo e ingresar como novicio en la orden benedictina.

¡Con lo poco que cuesta quedar bien! A uno le toca jubilarse por edad y ¿creen ustedes que la Administración le pone unas líneas amables del estilo de «¡Qué le vamos a hacer, amigo! Llegó la hora de que descanses y lo que más nos duele es carecer de presupuesto y no poder obsequiarte con un reloj de oro para celebrar tu paso al retiro» Pues, si lo creían, se equivocaron de medio a medio. El Ayuntamiento frunce el ceño, engola la voz y dice: «Se ha resuelto poner fin a la permanencia en servicio activo y en consecuencia CESAR —así, con mayúsculas, para que no haya duda— en el mismo por causa de jubilación forzosa a Fulano de Tal».

Y me olvidaba de la fórmula de despedida. Los oficios y comunicaciones municipales no rematan la faena con «un cordial saludo» o un «nos vemos, colega». Emplean una frase que produce escalofríos a los hombres más bragados. ¿Hay un final de escrito más sibilino que «Lo que le traslado para su conocimiento y a los efectos oportunos» ¿A qué efectos , se pregunta el pobre administrado. «A los oportunos», le bisbisea al oído el implacable destino. Para temblar, palabra.

Total, que, como protesta, he escrito este artículo, dedicado a la Administración «para su conocimiento y a los efectos oportunos», que donde las dan las toman, qué caramba.

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