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| Antonio García Velasco
diariolatorre.es, Málaga (España)
Martes, 6 de febrero del 2007

OPINIÓN: LENGUAJE, SEXISMO Y ESTATUTO AUTONÓMICO ANDALUZ

De nuevo parece que nos invade la ola del llamado lenguaje no sexista. Es cierto que el lenguaje es el prisma desde y por el que los humanos miramos, percibimos, analizamos, sentimos, interpretamos el mundo o, simplemente, nuestra realidad inmediata.


Es también cierto que el lenguaje manifiesta nuestra percepción de tal realidad y, en consecuencia, en el «corpus lingüístico» de una lengua se reflejan los prejuicios y las apreciaciones tradicionales, históricas. En tal sentido, a modo de ejemplo, se echa mano de los valores connotativos que tienen ciertas palabras: decir de un varón que es un zorro, y más un zorro viejo, es elogiarlo. Decir de una mujer que es una zorra constituye, prácticamente, un insulto. De hecho, el procesador de texto que utilizo me subraya, con el rojo indicativo de falta, el término zorra, y no así el de zorro. Lo ejemplos podrían multiplicarse.

La pretensión de no manifestarse sexista en el lenguaje da lugar a redundancias innecesarias y, en ocasiones, a incoherencias inaceptables. Incluso en documentos tan importantes como el nuevo Estatuto de Autonomía para Andalucía en su Texto aprobado, nada más y nada menos, por el Congreso de los Diputados. ¡Jolín y ya no han protestado las diputadas! Congreso de las Diputadas y los Diputados, que se diría cayendo plenamente en la propuesta injustificada del rabioso feminismo militante.

Pero sigamos con Estatuto. Veamos el artículo 5: «1. A los efectos del presente Estatuto, gozan de la condición política de andaluces o andaluzas los ciudadanos españoles que, de acuerdo con las leyes generales del Estado, tengan vecindad administrativa en cualquiera de los municipios de Andalucía». Primero, el impulso de la injustificada propuesta del lenguaje no sexista dicta la redundancia «andaluces o andaluzas», pero, a continuación, evitando ese mismo doblete, sólo habla de «ciudadanos». ¿Y las ciudadanas? ¿Y las españolas?

Sigue el punto 2: «Como andaluces y andaluzas, gozan de los derechos políticos definidos en este Estatuto los ciudadanos españoles, residentes en el extranjero que…» Y en el 3: «… se establecerán los mecanismos adecuados para promover la participación de los ciudadanos extranjeros residentes en Andalucía». ¿De nuevo las ciudadanas quedan marginadas? Sí, naturalmente, desde el punto de vista de ese feminismo lingüísticamente acomplejado y protestón.

El hablante busca por ley natural la llamada «economía lingüística»: decir lo máximo con el mínimo posible de elementos. Siguiendo esa ley y no el desprecio o la marginación de la mujer, se usa el masculino como término no marcado y, por tanto con valor genérico. Pero hemos confundido gramática con sexos, género gramatical con varonía o feminidad. ¡Y no, mujer, que no! La igualdad de derechos y deberes es otra cosa. Ya es el colmo cuando en un libro propuesto para lectura de los escolares andaluces se habla del sexo de las cosas, con el criterio de su género masculino o femenino.

Pero volviendo al Estatuto, cuya aprobación será sometida próximamente a votación, hemos de apuntar que o nos dejamos de innecesarios dobletes y pesadas redundancias, o asumimos plenamente la redacción de la propuesta del lenguaje no sexista: «1. A los efectos del presente Estatuto, gozan de la condición política de andaluces o andaluzas los ciudadanos españoles o las ciudadanas españolas que, de acuerdo con las leyes generales del Estado, tengan vecindad administrativa en cualquiera de los municipios de Andalucía». Con la redacción presente, las ciudadanas feministas votarán NO y quienes admiten el valor genérico del masculino tampoco votarán Sí, en espera de una redacción revisada y coherente en una u otra tendencia.

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