Noticias del español

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| Shelmar Vásquez Sween
laprensa.com, Panamá
Miércoles, 13 de junio del 2007

«OOPS», UNA PALABROTA

El signo lingüístico del ser humano es arbitrario. Él decide qué palabras son feas, buenas, amables o vulgares.


En el estudio de la lingüística todas las palabras ‘sucias’ son consideradas como una forma de comunicación.


Las palabras que encasillamos como mal sonantes o ‘sucias’, realmente no lo son. La carga o el tinte morboso y vulgar se lo inyecta el hablante, y por ende, quedan convertidas en frases que por ética y moral deben ser rechazadas por la sociedad.

Ahora, según el especialista en lexicografía hispánica y miembro de la Academia Panameña de la Lengua, Rodolfo Alfredo de Gracia, esta forma arbitraria y convencional que tiene el ser humano de catalogar las palabras, no influye, en lo absoluto, en el estudio de la lingüística. Prueba de ello, asegura el catedrático, es que esta ciencia que se ocupa de descubrir y entender las leyes que gobiernan el lenguaje, reconoce que las palabras obscenas de alguna manera forman parte de la comunicación de una gran parte de la población, razón por lo que no pueden ser completamente censuradas del lenguaje.

Criticó De Gracia que el uso de estas palabras por algunas personas sea vinculado con su grado de educación. «Las dicen personas de estratos altos y bajos, con muchos títulos y pocos también. Algunos para descargar su ira y otros simplemente como una forma de socializar en un ambiente de familiaridad. La única diferencia es que el estudiado tendrá más conciencia sobre dónde y con quiénes puede utilizarlas».

La profesora de español Melinda Araúz coincide con Alfredo de Gracia en que un ejemplo claro de que las palabras son inocentes hasta que el hablante dictamina lo contrario es que si se hace una lista de las frases obscenas de cada país, se verá que las que se escuchan subidas de tono en algunas partes, se consideran normales en otras.

Por ejemplo, en Panamá son mal catalogadas algunas de las formas como se les llama a las partes íntimas de individuo, al igual que las palabras mierda, vaina, puta, etc. Pero no pasa nada si se dicen frases como gilipollas, que en España es la ofensa más grande que se le puede decir a una persona; o bicho, que para los cubanos viene siendo la forma más vulgar de llamarle al pene.

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