Noticias del español

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| Nicolás Guerra Aguilar
www.laprovincia.es, España
Miércoles, 17 de febrero del 1010

NUEVOS CAMINOS DEL ESPAÑOL

Desde sus iniciales balbuceos hasta hoy, el castellano ha sufrido tantas modificaciones que para un lector no acostumbrado a textos ocho veces centenarios resulta muy compleja, por ejemplo, la comprensión de fragmentos no adaptados del siglo XII.


Ya no solo se trata de grafías hoy inexistentes (ç), de términos o construcciones que pasaron a mejor vida (los arcaísmos), de escrituras desfasadas (cauallos), sino de fonemas —pronunciación— desaparecidos tiempo ha (ç; v frente a b; fambre [jámbre]; ll leída como doble l), de cambios de significados (humor significó 'agua') o de incorrectas grafías que en apariencia no respetan las actuales normas ortográficas: en el grancanario Cairasco de Figueroa (no medieval) aparece el término yelo.

Por todo, siempre he mantenido que si queremos que un alumno odie la literatura debemos exigirle muchas lecturas medievales, barbarie en la que siguen empeñados algunos colegas con el Poema de Mío Çid, ejemplo de literatura propagandística pagada a los monasterios y que exalta las virtudes casi sobrenaturales de un héroe, Rodrigo (Ruy) Díaz de Vivar, artificial modelo de nobleza y respeto al rey, de amor paternal, amigo de sus amigos (él, un mercenario), cristiano sin par que paga las «missas».

Sin embargo, aún hoy algunos círculos judíos mantienen —en rapidísima desaparición— las características fonéticas del castellano de finales del siglo XV. Esto se debió a que, tras su expulsión en 1492, aquellos marcharon al exilio y se encerraron tanto en sus tradiciones que, por suerte, conservaron la pronunciación heredada de sus antepasados, la cual no sufrió variaciones impuestas por la propia evolución de un idioma ya universal.

Las lenguas, pues, experimentan cambios, transformaciones a lo largo de los siglos, las lenguas vivas, por supuesto, no las muertas como el latín, hoy mantenida tal como fue. Y esta continua evolución las va enriqueciendo, las fortalece, y logra la desaparición de términos ya no usados, e incorpora otros por urgencias, por necesidades para establecer correctas y cada vez más amplias comunicaciones. O lo que es lo mismo, las lenguas que se anquilosan, reacias a las necesarias innovaciones, que se aíslan del mundo real en el cual se encuentran y que se oficializan para alejarse absolutamente de sus únicos dueños, los hablantes, están condenadas a la desaparición.

Esta no es la realidad de la nuestra, cada vez más en expansión —en EE. UU. los políticos saben que hay once millones de hispanos votantes; los chinos la aprenden para conquistar los mercados de la América hispanohablante ya dominados los de Canarias; estudiantes y personas cultas europeas quieren leer en español El Quijote, a García Márquez, a Galdós. Y a pesar de su dispersión geográfica, el castellano no corre peligro, está perfectamente atendido por las Academias de la Lengua que vigilan por su correcto uso y van realizando las necesarias adaptaciones tal como imponen sus hablantes por mayoría.

Pero hay momentos en que algunos osados lo convierten en un galimatías, en un texto complejo, ininteligible. Es el caso de un correo que me acaba de llegar y que pretende ser una revista de productos para hombres. Y —las entrecomilladas son citas textuales— me dice que «Puedes verte» —¡el puñetero tuteo!— «es con glamour y elegantemente», lo cual, supongo, tendrá que ver con el inicio de la carta: «¿Del día bueno!»

Y con visión oriental de la vida me recomienda «Es necesario a ninguna parte tener prisa», pues «Esto se es puesto por las ladys presentes y los gentlemants». Luego sospecho que hace falta mucho dinero: «Los usuarios del Jnternet compran en online las tíendas», es decir, no compran unidades, sino «tíendas» completas (¡Una de tiendas de jaboncillos, plis, pues conozco a muchos en la guagua que por timidez o recato se abstienen de su uso!) Sin embargo, aprendí de una frase del mensaje: «¿Para que repagar a especuladores?» Yo pensaba que «repagar» (prefijo re) es 'volver a pagar'. Pero no: según el DRAE, su único significado es 'pagar caro algo'. Ya ven: iba yo a hacer un chiste fácil con el verbo y casi repago ('pago cara') mi osadía lingüística.

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