Noticias del español

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| Ana López
Nuevos alfabetismos
Lunes, 6 de noviembre del 2006

NUEVAS Y VIEJAS ESCRITURAS EN LA RED

La discusión acerca de qué aporta y qué quita la escritura a partir de la incorporación de las nuevas tecnologías de la información a la vida cotidiana —y también a la vida escolar— muestra dos bandos claramente diferenciados.


Por un lado están aquellos que no tienen ninguna duda de que experiencias comunicativas basadas por ejemplo en el uso del chat y los SMS son una amenaza para el lenguaje, en tanto y en cuanto implican una degradación de este.

Argumentan que los términos utilizados en el chat no superan los 200 vocablos, que esto da cuenta de un empobrecimiento significativo y que su uso impacta en los usuarios, que no pueden discernir en qué ámbitos utilizar uno u otro código. Señalan también que la libre posibilidad de publicar impresiones propias y subir comentarios, por ejemplo en blogs, atenta contra la planificación textual reflexiva.

Del otro lado, muchos especialistas dan cuenta de la existencia de cierta lógica en la conformación de estos nuevos códigos. Encuentran en el lenguaje del chat y de los SMS cierto aire de familia con la taquigrafía, al que se suman los emoticones para dar cuenta gráficamente de estados de ánimo específicos. Insisten, por otra parte, en que los miedos a la degradación del lenguaje en aras de la tecnología están lejos de ser nuevos y se repiten por ciclos: la aparición de la radio trajo un profundo debate sobre este tema entre los vanguardistas brasileños, la de la televisión inauguró uno que se reabre permanentemente y el uso masivo de internet y sus herramientas incorporó otro que promete renovadas disputas.

Pero probemos a pensar potencialidades. Para eso puede ser interesante plantearse algunas preguntas:

Primero que nada: ¿se escribe más o se escribe menos a partir de la masificación de las nuevas tecnologías?

E-mails, SMS, chat, blogs, fotologs y wikis parecen desmentir los vaticinios más funestos en este sentido.

Tanto los blogs como los fotologs son fáciles de usar, no requieren conocimientos técnicos específicos, son de publicación instantánea (¡¡y se pueden corregir también de manera instantánea!!) y ofrecen la posibilidad de comentar lo que otros escriben o muestran. Pero además, la organización de la información resulta central en estos dispositivos: sus contenidos llevan un título, pueden agruparse en categorías y quedan archivados cronológicamente.

Los wikis permiten que un mismo documento pueda ser editado por varios usuarios, corregido, aumentado, modificado… Es en este sentido una herramienta clave para el trabajo colaborativo.

Por su parte, que el correo electrónico se haya vuelto masivo no significa que no requiera habilidades de escritura específicas. Pensemos simplemente en el ejercicio resuntivo de colocar un “asunto” que permita anticipar al destinatario el tema del mensaje.

Y el chat y el SMS suman posibilidades de comunicación. ¿Más cercanas a la oralidad? Posiblemente. Pero, ¿se comunica menos en estos nuevos entornos? ¿Atentan estos dispositivos contra el lenguaje, tal como lo conocemos o –más aún– contra la comunicación como experiencia?

No se trata únicamente de nuevas escrituras, sino también de nuevas posibilidades para escribir. La Web no sólo ha transformado las formas de lectura sino que propone nuevas formas y nuevos códigos para pensar la comunicación.

Pensar que las nuevas escrituras no tienen nada de las viejas sería ignorar una tradición de la que ninguno quisiera deshacerse. Pretender que sean lo mismo es negarles sus potencialidades. Y no confiar en la capacidad de los usuarios.

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