Noticias del español

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| Joaquín Segura, presidente de la Comisión de Traducciones de la ANLE
Glosas, publicación de la Academia Norteamericana. Vol. 7, núm. 2.
Enero del 2010

NUEVA GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua.


A fines de diciembre de 2009 se presentó en España, en un acto al que asistieron los Reyes de España y dignatarios de todo el mundo hispánico, la Nueva gramática de la lengua española, obra monumental, la más extensa de todas las publicadas por la Real Academia Española (RAE), dando cima a una iniciativa impulsada por su director, D. Víctor García de la Concha, quien también preside la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y por D. Ignacio Bosque, ilustre ponente y gramático de la RAE. Comenzada su creación en 1990 con el nombramiento de una Comisión Interacadémica ad hoc en la que participarían delegados de todas las Academias, la Nueva Gramática ha visto la luz al cabo de más de un decenio de intensa labor consensuada.

¿Cómo se logró este prodigio? Al principio de su elaboración se nombraron subcomisiones en todos los países o regiones de Hispanoamérica, Estados Unidos y Filipinas, a las que se enviaban por correo electrónico desde Madrid los borradores sobre cada tema preparados bajo la dirección del ponente, y refrendados por el Director de la Academia Española, que presidió todas o la mayoría de las reuniones consensuadas, y por la Subcomisión Interacadémica de España, formada por especialistas en Gramática. Por su parte, las subcomisiones de los demás países estudiaban los borradores, enviados por correo electrónico, y los devolvían a la RAE también por ese medio, con sus respectivas indicaciones y recomendaciones. No terminaba ahí el consenso. El director de la RAE y el ponente —y los gramáticos— repasaban esas recomendaciones y preparaban un segundo borrador que incluyera tanto las aceptadas como las discutibles, con las razones pertinentes, todo lo cual pasaba a formar parte del texto en evolución, que se devolvía a los países respectivos. Una vez aprobados estos textos y las nuevas revisiones, la RAE invitaba a los coordinadores de cada zona a reuniones conjuntas, que se celebraron en diversas ciudades de España y de Hispanoamérica. En estas reuniones se ventilaban en persona los puntos que todavía suscitaban reservas, hasta que se llegaba a un consenso sobre su forma final. Generalmente, las reuniones se celebraban para tratar de un tema determinado y sus resultados pasaban a la fase de «preterminados», aunque todavía sujetos a revisiones a lo largo del trabajo y casi hasta el final.

Dentro de la Academia Norteamericana, se me nombró a mí coordinador para los Estados Unidos (colaboraron conmigo, D. Gerardo Piña-Rosales, D.ª Beatriz Varela, D. Antonio Pamies y D. Pedro Guerrero), recién terminado el papel hasta cierto punto semejante que desempeñé como coordinador en la preparación del Diccionario Panhispánico de Dudas, para el cual se había ya fundado la primera Comisión Interacadémica, presidida por D. Victor García de la Concha y secundada por D. Humberto López Morales, Secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Previamente, estos dos dirigentes de la RAE y la ASALE habían recorrido juntos, una por una, casi todas las academias de Hispanoamérica, pero no la filipina ni la norteamericana, con las que consultaron posteriormente. El propósito del largo viaje y de las posteriores consultas era efectuar sobre el terreno una primera toma de impresiones e informaciones orientadoras.

Por lo que a mí respecta, asistí a las reuniones fundacionales y a las celebradas en España e Hispanoamérica —Madrid, Burgos, Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile—, hasta que me vi impedido, por razones de salud, de continuar mi asistencia a ellas, y el nuevo Director de la Academia Norteamericana (D. Gerardo Piña-Rosales, sucesor en el cargo ocupado durante muchos años por (†) D. Odón Betanzos Palacios) se ofreció gentilmente a sustituirme en esas reuniones. Seguí, sin embargo, revisando los borradores de la RAE y coordinándolos con el Director de la ANLE y otros miembros de la Norteamericana.

¿Qué opinión puedo emitir respecto a la obra final, de la que he recibido hace poco un ejemplar? Sus dos tomos, encerrados y protegidos por una elegante caja de cartón, vienen protegidos por cubiertas y tapas de color amostazado. Mi primera impresión ha sido de asombro ante el grosor y peso de esos tomos (unos cinco kilos y medio), aunque no inusitados del todo en ese sentido, pues tengo entre mis libros varios diccionarios bilingües tan grandes o mayores que la Nueva Gramática. Debo consignar aquí, que se ha empleado en esta obra un papel especial, el Bibloprint, parecido al biblia, pero de espesor algo mayor.

Mi segunda impresión, así como he ido leyendo el Prólogo y algunas de las páginas del texto, ha sido de admiración por lo que todos aquellos borradores que tantas veces leímos se habían convertido en este par de tomos rebosantes de información. Quien tenga la oportunidad de consultarlos se dará cuenta de su amplitud y profundidad. Lo que más me ha complacido ha sido la forma en que aquellos capítulos que a nosotros nos llegaban en cualquier orden, al parecer sin cohesión, ahora aparecen en sucesión lógica, lo que confiere a la obra una mayor facilidad de lectura.

Mi tercera impresión es que la Nueva gramática refleja fielmente el trabajo en consenso de todas las Academias. Siguiendo la pauta establecida ya por la Ortografía y el Diccionario Panhispánico de Dudas, pero de forma más amplia, la RAE ha intensificado el consenso entre las academias de la lengua. Consenso no significa sumisión a todo criterio de la Academia Española con exclusión de otras aportaciones de las academias hermanas; al contrario, la RAE consideró en todo momento las propuestas de las academias hermanas con respetuosa atención y con frecuencia las apoyó. Por otra parte, se valió de sus enormes bancos de datos para incluir en las citas a multitud de autores hispanoamericanos. Al ir avanzando la obra, surgieron opiniones divergentes en cuanto al enfoque descriptivo que iba tomando la obra, frente a la necesidad normativa de una obra académica. La RAE adujo sus razones: que una gramática moderna de alto vuelo, equiparable, cuando no superior, a las mejores con que cuentan otras lenguas de alcance mundial, no puede limitarse a la cuestión normativa, sino que es preciso describir en ella el estado general del idioma, lo que exige el examen y la presentación de todas, o la mayoría, de las variantes del español de América.

Conviene advertir, como lo hace el Prólogo, que «… El presente texto resultaría demasiado escueto si se optara —equivocadamente— por comparar la información que contiene con la que se esperaría de un conjunto de monografías». Con todo, sugiero que el lector lea el Prólogo completo, donde se citan las anteriores versiones de la Gramática académica y se explican las razones por las que se resolvió presentar nuevos enfoques en la presente.

He notado, entre los temas tratados en la recién publicada gramática, la ausencia de una presentación más completa de la Fonología y la Fonética, si bien éstas se describen brevemente. El Prólogo, sin embargo, aclara que esto se debe a que hay ya en preparación avanzada un tercer tomo sobre estos dos aspectos, que incluirá numerosas ilustraciones de los sonidos del habla e incluso un videodisco que permita relacionarlos con sus representaciones sonográficas. […]

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