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| Ramón Sordo Sotres, historiador y etnógrafo
lne.es, España
Martes, 16 de junio del 2009

NUESTRO ORIGEN PRERROMANO

Hace unos meses aparecieron en pleno centro de la ciudad de Uviéu (Oviedo) diversos restos materiales de factura romana y datados en los tiempos de este imperio; inmediatamente, algunos aprovecharon para atacar las tesis que defienden la influencia decisiva de lo autóctono en la formación, siglos después, de la Monarquía asturiana (al respecto, pueden consultarse varios ejemplares de LA NUEVA ESPAÑA del pasado mes de septiembre).


Unos hallazgos materiales, por sí solos, no pueden revelar la romanización de la lengua y las costumbres de los habitantes de un territorio; sin embargo, no entiendo la polémica, porque no cabe duda de que, antes o después, la lengua hablada entre estas montañas pasó a ser románica.

Por la línea de la costa estamos, pues, romanizados hasta Santurce, pero sin embargo permanecen entre nosotros importantes restos del estado anterior, en las costumbres, en la lengua hablada y en la toponimia; a filólogos, historiadores y etnógrafos nos compete indagar sobre si son o no indoeuropeos así como, los que pertenezcan a esta familia lingüística, en qué rama se engloban, pero a todos nos incumbe decirlos, divulgarlos, alabarlos y colocar en su lugar los topónimos que no están bien situados en mapas y libros.

Esa cultura prerromana de la cornisa cantábrica hoy románica lo lógico es que constara de por lo menos dos capas: la más antigua no sería indoeuropea y encontraría testimonios sobre todo en la toponimia, mientras que la segunda recogería elementos indoeuropeos no latinos, más que nada en el terreno de la mitología —sobre ello pueden consultarse los estudios del etnógrafo Berto Álvarez Peña; también persisten historias de origen no indoeuropeo— y algunas costumbres.

Dicha capa más vetusta no sería indoeuropea debido a las siguientes razones:

– La arqueología no aporta ninguna prueba de expulsión o exterminio de las primitivas poblaciones, por lo que, aunque hubieran llegado, en mayor o menor medida, inmigrantes indoeuropeos (quienes, en todo caso, no entraron en Hispania hasta el primer milenio antes de Cristo), siempre quedarían habitantes de origen no indoeuropeo y algunos indicios de su lengua o lenguas tienen que haber permanecido en el habla y toponimia posteriores. Esa carencia de pruebas arqueológicas sobre un genocidio destruye la extendida teoría de que todos los pobladores cantábricos fueran indoeuropeos. Asimismo, esa carencia de testimonios arqueológicos sobre sustitución de pueblos invalida la creencia de que, más al Este y en la Alta Edad Media, vascoparlantes desplazaron a los antiguos habitantes del actual País Vasco español.

– Los geógrafos griegos y romanos de hace 2.000 años, Estrabón (posiblemente copiando a Posidonio de Apamea), Pomponio Mela y Plinio el Vieyu, dan testimonio de que en el norte de Hispania se hablaban lenguas incomprensibles, ¡incomprensibles para unos oídos indoeuropeos, claro! El citado Plinio, además, describe a los celtas como minoritarios en la actual Galicia.

– El análisis de los nombres personales y otros en la epigrafía —y otras fuentes— cantábrica bimilenaria por el profesor de la Universidad de Valencia Xaverio Ballester permitió encontrar a éste diversos elementos no indoeuropeos.

– Los parecidos estructurales del idioma vascuence con las lenguas románicas que se hablan hoy en la cornisa cantábrica son apabullantes, si bien es difícil discernir si dichos parecidos que, repito, son muchos, pasaron a ellas porque sus primitivos hablantes no eran indoeuropeos o por vecindad con poblaciones «eusqueraparlantes».

– La capa no latina de la abundantísima toponimia actual se puede explicar parte de ella mediante la comparación con el citado vascuence, con otras lenguas no indoeuropeas y con la de las inscripciones aquitanas —escritas en una lengua que se considera antecesora del eusquera de hoy— de hace dos milenios halladas principalmente en el suroeste de Francia.

La toponimia antigua es un terreno donde es difícil establecer conclusiones concluyentes, pero el indoeuropeo es una lengua con muchas formas reconstruidas y el caso es que éstas sólo permiten dar con el significado de algunos topónimos cantábricos. Asimismo, las celtas son idiomas que se conocen bien pues aún se hablan en parte de la Europa atlántica, pero su estudio muestra que no sirven para desvelar sino una mínima parte de nuestra toponimia por lo que ha de descartarse tajantemente que en Asturias y Cantabria viviera nunca una mayoría de pobladores de lengua celta.

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