Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad (San Juan, Puerto Rico)
23 de febrero del 2006

NOMBRES DE MUJER

Desde este espacio alertamos con frecuencia sobre los machismos lingüísticos que todavía pululan por las páginas de los diccionarios que acostumbramos citar. Decimos «todavía» porque es preciso reconocer el esfuerzo académico por erradicar los elementos machistas que reinaban y campaban por sus respetos en el aspecto lexicográfico de nuestra lengua materna.


Sin embargo, en el proceso de preparación de nuestro tema de hoy , pudimos observar que son mucho más abundantes las palabras cuya base etimológica son los nombres propios de varón, que los de mujer. Claro, que a ello contribuyó fuertemente Carlos Linneo al clasificar las flores a partir de nombres de hombre (para un trato detallado del tema les remitimos a nuestra reciente columna titulada Epónimos). Así que, como ya nos aproximamos a marzo y las celebraciones alusivas a nuestra presencia significativa y afirmación como mujeres en el mundo de hoy, dedicaremos el espacio de hoy a algunas voces hispánicas procedentes de nombres femeninos.

El armonioso sustantivo femenino pamela es definido en el Diccionario de la Real Academia Española como «sombrero de paja, bajo de copa y ancho de alas, que usan las mujeres, especialmente en el verano» y es a su vez un ejemplo inicial del tema de hoy. Su nombre procede de la heroína de la novela del escritor inglés Samuel Richardson (1689-1761) publicada en dos partes -la primera en 1740 y la segunda en 1742- bajo el título de Pamela o la virtud recompensada. Por su título y por su ubicación histórica ya podemos olfatear que la misma no sea muy afirmativa que digamos desde el punto de vista del feminismo. De hecho se trata de una novela epistolar -como el clásico español Pepita Jiménez por Juan Valera- en la que la protagonista -Pamela Andrews, una sirvienta- solía utilizar este tipo de sombrero. La narradora epistolar detalla con abundantes lloriqueos en sus cartas el asedio del señorito de la casa -Belfart- y en la trama la virtud resulta ser recompensada porque Pamela termina casándose con el tal. La obra resulta ser una novela de corte burgués excesivamente moralizadora.

Entre las palabras procedentes de nombres de mujer, encontraremos también al vocablo rebeca que toma su nombre de un personaje de la novela de Daphne du Maurier (1907-1989) en la cual basó Alfred Hitchcock su película del mismo nombre emitida en el 1940. En esta última la protagonista usaba la prenda de ropa que el diccionario denomina rebeca y define como «chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por lo general, a la altura de la garganta». En la película de Hitchcock, el papel principal lo realizaba la actriz Joan Fontaine. Sin embargo, ella no hacía el papel de Rebeca porque ésta es realmente una persona muerta que nunca ocupa la escena.

La palabra antes comentada no es de uso en nuestro país tal vez por tratarse de un suéter abrigado y de cuello demasiado alto para los calores del trópico, como tampoco es de uso común el vocablo magdalena, para denominar a lo que en su segunda acepción académica es sustantivo femenino para «bollo pequeño, hecho y presentado en molde de papel rizado, con los mismos ingredientes que el bizcocho en distintas proporciones». O sea, que parece tratarse de aquello a lo cual los anglosajones llaman cupcake. Algunos lexicógrafos, como Alberto Buitrago, J.Agustín Torijano y Gregorio Doval aluden al posible origen del vocablo en el personaje bíblico de María Magdalena, famoso por sus abundantes llantos -tanto al lavar con sus lágrimas los pies de Jesús como por su vida de penitente-debido a que estos pequeños bizcochos suelen ser sumergidos en el café, leche y chocolate y al levantarlos gotean líquido y lloran como una Magdalena. Los citados autores, sin embargo, aluden también a un origen más probable en la voz griega magdalía referente a una masa o pasta, por su relación, a su vez, con magdaleón que daba nombre a un antiguo remedio en forma de emplasto. La Academia alude, por otro lado, a una cocinera francesa de nombre Madeleine Paumier, a quien se le atribuye la invención de los llorosos bizcochitos.

El insecto lepidóptero que llamamos mariposa toma su nombre del nombre propio femenino María y el verbo posar. El nombre María, que en arameo era Maryam o Miryam y significaba «la señora», tiene como posible origen la raíz hebrea mrd para rebelión o la egipcia mry para amor. Señalan Buitrago y Torijano que en el Antiguo Testamento lleva este nombre la hermana de Moisés, de donde ellos atribuyen deriva la expresión «baño de María». El insecto, explican los mismos autores, parece derivar su nombre del compuesto entre la forma corta mari para María y el imperativo del verbo posar (pósate) y señalan que probablemente surge de alguna canción infantil para seguidamente acotar que:

La identificación entre este insecto y lo espiritual, la inocencia, la fragilidad y la pureza, connotaciones de la primavera, nos llevarían también a la asociación con la Virgen María, la misma que podría estar presente en el origen de la voz mariquita (que denomina, entre otras acepciones, a otro insecto). Como curiosidades, cabe señalar que en ruso mariposa se dice babochka, literalmente, «mujercita» y que los antiguos griegos empleaban la misma palabra para denominar al alma y a la mariposa: «psique».

Finalmente resaltamos que entre las nuevas voces incorporadas a la edición 2001 del actual lexicón académico, encontraremos a la expresión procedente de marca registrada galleta maría -ya comentada antes en este espacio Hablemos español- para aludir a la «galleta de masa fina, sin relleno ni cobertura».

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