Noticias del español

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| Lucila Castro
La Nación, Argentina
Jueves, 26 de junio del 2008

NO HAY PEOR ENEMIGO QUE UN AMIGO FALSO

Leo en edición del día 13: «El ataque tuvo lugar… entre tropas paramilitares paquistaníes desplegadas en la región tribal de Mohmad y fuerzas afganas…». Muchas palabras del inglés tienen un origen latino, ya sea del antiguo francés de los normandos que conquistaron Inglaterra allá por el siglo XI o del francés más moderno.


Tal es el caso del término deploy, traducido aquí como «desplegadas». El problema con estos términos, llamados «falsos amigos», es que con posterioridad a su importación el inglés ha alterado su significado. En el caso de deploy, en inglés se usa mayormente con el sentido de 'estacionar tropas' (Webster’s New World Dictionary). Se puede referir tanto a grupos como a individuos: el príncipe Enrique fue deployed en Afganistán. Evidentemente sería absurdo traducir que una persona fue «desplegada» allí. Y los paquistaníes arriba mencionados no estaban muy «desplegados» tampoco, porque el cañonazo de un avión remotamente controlado mató a once. En este caso, la traducción correcta de deploy es «emplazar»", escribe desde Cavite, Filipinas, Aecio E. Cairus.

También Susana de Puggioli ha encontrado uno de esos falsos amigos, aunque en su caso el error no es atribuible a los redactores del diario, pues está en una cita textual. Escribe: «En la edición del día 9 leo: "En el comunicado de la Academia Nacional de Ingeniería se advierte: 'No se tiene conocimiento de que se realicen en esas obras verificaciones ni ensayos de materiales ni estudios de fundaciones ni los más elementales cálculos estructurales'". A mis oídos la palabra fundaciones en el sentido de 'cimientos' suena a error, pero tal vez la Real Academia Española, que suele aceptar muchas cosas en los últimos tiempos, haya aceptado esa acepción. ¿Podría usted sacarme de dudas?».

La lectora titula su mensaje «¿Inglés o castellano?», pues en inglés la palabra foundation puede significar 'cimiento'. Tal vez los ingenieros argentinos, a fuerza de leer bibliografía en inglés, hayan incorporado la palabra fundación en ese sentido a su jerga, pero ese uso no se ha extendido al léxico general, de modo que no debieron emplear el término en un comunicado académico. En todo caso, de la misma familia, los cimientos de un edificio podrían llamarse fundamentos, pero como fundamento se usa más en sentido figurado, tampoco hubiera sido conveniente en este caso, en que la palabra apropiada y clara era, sin duda, cimiento.

Derivados de derivados

Escribe el ingeniero Francisco Justo Sierra:

«La palabra condicionalidad no está registrada en el diccionario académico ni en el del habla de los argentinos, pero según el buscador de LA NACION, en la edición digital apareció 161 veces, muchas de ellas citas textuales, como esta de la Presidenta: «…sin las condicionalidades de un plan económico del FMI».

«Supongo que, aunque no está en los diccionarios, la palabra ha de estar bien construida, si aprendí bien sus enseñanzas ante otros casos parecidos. Sin embargo no comprendo la lógica de pasar de sustantivo a adjetivo y de aquí a otro sustantivo, pero con sentido igual al primero. En lugar de este giro de 360°, se podría haber dicho: "…sin las condiciones (o los condicionamientos) de un plan económico del FMI"», concluye.

En efecto, se ha dado un giro de 360 grados, porque, después de tanto movimiento, se ha vuelto a la posición inicial. Pero también sería dar una vuelta completa usar el sustantivo condicionamientos, que viene del verbo condicionar, que a su vez deriva del sustantivo condición. Y, sin embargo, condicionamientos no molestaría, no solo porque está bien formado, sino, sobre todo, porque está impuesto por el uso y, especialmente, porque, aunque significa ‘condición’ en el sentido de ‘efecto de condicionar’, tiene un significado más preciso que condición.

El problema del neologismo condicionalidad es que está bien formado… pero para significar otra cosa. El sufijo -(i)dad, agregado a un adjetivo, denota cualidad, de modo que condicionalidad significaría 'cualidad de condicional'. Pero la cualidad de condicional no se llama condición ni condicionamiento, que es lo que debió haberse dicho en el caso citado por el lector. El plan del Fondo Monetario impone condiciones o condicionamientos (seguramente la propuesta es el conjunto de esas condiciones), pero no es condicional. Lo que podría ser condicional es lo que ofrecería el Fondo a cambio del cumplimiento del plan, es decir, si se cumplieran las condiciones exigidas. A un ofrecimiento condicional sí se le podría atribuir una cualidad llamada condicionalidad.

Una prueba de que en el ejemplo el neologismo está empleado impropiamente es que está en plural. Por muchas condiciones que incluya una cosa condicional, su cualidad de condicional es una sola y no tiene sentido construir un sustantivo de cualidad en plural. Aquí el plural se explica porque en realidad no se está hablando de esa cualidad, sino de las distintas condiciones que quiere imponer el Fondo Monetario.

Terremotos

«Como resido en Suecia desde hace unos años, acostumbro leer las versiones digitales de distintos medios en español. Y mucho me sorprendió ver que, a raíz de la tragedia sísmica en China, el diario español El Mundo escribía sistemáticamente seísmo en vez de sismo. En un principio pensé que se debía a un error mecanográfico, pero como continuaron utilizando esta palabra en sucesivas ediciones, me decidí a consultarla. ¿Existe esta palabra o es un invento?», pregunta María Marta Andrada Hamer.

Las dos formas existen (en América se usa sismo y en España seísmo) y son igualmente aceptables, pero yo diría que seísmo es un «invento», aunque no del diario El Mundo. El Diccionario panhispánico de dudas, de la Academia, dice que la variante seísmo es «más cercana a la etimología». Lo dice porque viene del griego seismós ('sacudida, agitación'). Pero si esta palabra griega hubiera seguido la evolución normal, del griego al latín y del latín al español, hubiera dado sismo, porque el diptongo ei da i. Además, el acento en la i no tiene ninguna justificación etimológica.

Esta palabra, en sus dos variantes, es relativamente nueva. El diccionario académico la recogió en el suplemento (es decir, a último momento) de la edición de 1947, donde aparecen seismo, sin tilde, y sismo. Yo no sé cómo pronunciaban seismo en aquella época los españoles, pero en la edición de 1956 esta forma aparece como seísmo. Sospecho que en aquellos tiempos ninguna de las dos variantes se usaba demasiado (en la Argentina, por lo menos, todo el mundo decía terremoto) y que su fortuna actual la deben al periodismo, favorecidas por su brevedad y por sonar más «científicas» (es decir, más rebuscadas, es decir, de peor gusto). El adjetivo sísmico, también creado modernamente, aparece ya en la edición de 1899, pero, como los que «inventaban» tecnicismos en el siglo XIX sabían más de fonética histórica, o se asesoraban mejor, nunca tuvo una variante *seísmico.

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