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| Andrés Cárdenas
ideal.es, España
Miércoles, 26 de marzo del 2008

«¡NIÑO, VENACAPACÁ Y PONTE EL SAQUITO!»

Alfredo Leyva publica el Diccionario del habla granaína, una compilación de voces y dichos populares, con el que reivindica nuestra manera de expresarnos


UN diálogo entre dos granadinos que se encuentra en el Paseo de la Bomba introduce al Diccionario del habla granaína que ha escrito Alfredo Leyva y que ha editado la editorial Almuzara, cuyo principal accionista es el ex ministro Manuel Pimentel. Atiendan lo que dicen estos dos hombres.

-¿Hombre, Joseíco, cuánto tiempo sin verte! T'ah quedao mu seco. M'acuerdo que la úrtima veh que te vi ehtabah rebolondo.

-¿Cagonlavín, Juanillo! ¿aónde pollah vah?

-Poh na, que vengo de orilla der fielato de haséh un mandaíllo.

-¿Vamoh a tomarnoh argo a las Titah?

-Poh vamos

-¿Maehtro!, yo quiero una servesa y una perdíh.

-A mí me poneh un pulevín de fresa.

-¿Eso te vah a tomáh a ehtah horah?

-Güeno, porme un follasah.

-¿Cuchi… tieneh un bulanico en er saquito!

-Poh ya mequitao saíh ehta mañana

-¿Lavín, que calorín hase!, como no venga pronto la servesa le voy a dah una bocaná ar pipote que lo voy a deháh temblando

-¿Y si noh vamoh sin pagáh recordando loh viehoh tiempoh?

-¿No tieneh rileh!

-Eh broma, ya no ehtamoh pa esah folletáh.

-¿T'acuerdah cuando éramoh chaveah, y noh fuimoh sin pagáh en er Corpuh?

-Sí, de la caseta e l'arsina, m'acuerdo que te subihteh a cucurumbillo y salihteh echando hohtiah y trompesahteh con un cauchil.

-Sí, menúo zepazo, me di un calamonaso y me salió un tolano der copón.

-Y cuando hisimoh rabona y noh alargamoh a loh billareh de la calle der pino.

-Claro que m'acuerdo, ¿había un follaero hente! Le dihimoh al encargan que noh fiara la partía, que íbamoh por dinero y vorvíamoh en una volá.

-Sí, y se queó ehperando.

-Ahelico, toavía siento regomello.

-Abín que no te lo dihe.

-Poh toavía m'acuerdo, eah.

-Güeno, no seah agarrao y paga la conviá.

-La voy a pagáh pa que no me digah que soy un engurruñío. ¿Vallamoh a pollillah!

Tarea laboriosa

Alfredo Leyva, el autor del Diccionario del habla granaína, una compilación de voces, dichos populares y frases célebres, ha estado varios años recopilando términos y palabras que ha oído desde su niñez. «Este ha sido un trabajo realmente gratificante y divertido, pero también muy laborioso. Iba a un sitio y me ponía a escuchar y recordar todas esas palabras que nos caracteriza». Alfredo nació en Granada y es funcionario en la Agencia Andaluza del Agua. Antes fue funcionario de Correos y Telégrafos. Debido a su profesión, ha vivido en Córdoba, Barcelona, Ceuta y Málaga, donde reside actualmente. «Pero me tira mucho mi tierra. Soy enfermizo de Granada». Dice que sus visitas a la capital de la Alhambra son muy frecuentes, bien para visitar a toda su familia o bien de incógnito, porque de vez en cuando necesita respirar el aire de Granada. «Hay veces que vengo por la mañana, me voy por ejemplo a visitar un monumento o pasear por las calles y me vuelvo a Málaga por la tarde. Cuando vengo a Granada necesito incluso meterme tanto en ella que pido una puleva con una maritoñi o una cerveza Alhambra», dice con tono de humor.

Humor

Y humor es precisamente lo que le sobra a este libro. No es sólo un diccionario al uso de nuestro lenguaje, sino que tiene explicaciones que invitan a la risa. Un ejemplo de la palabra 'Daleao: De lao, torsío: por ehem, «esa paéh ta salío mah daleá que la muralla China. Arréglala anteh que hosique por aquí el encargado la obra y te ponga como un guiñapo». Así todas las definiciones.

Alfredo Leya nació hace 50 años en la céntrica calle Duende. Por el barrio Fígares, San Antón y Puerta Real pasó gran parte de su infancia y adolescencia. A modo de magdalena de Marcel Proust, cualquier expresión granadina que oye le traslada a su tierra cuando está en la distancia. Él deja claro que con este trabajo no pretende sentar cátedra, inventar un idioma y ni mucho menos «limpiar, fijar o dar esplendor» a la particular forma de hablar del granaíno, «solamente recoger las palabras de uso cotidiano del habla de Graná y, a mi manera, intentar representarlas de forma gráfica en la escritura, pues hablar, lo que se dice hablar, todos en Graná hablamos en granaíno en mayor o menor medida, pero escribimos en castellano».

El autor del diccionario dice que los granadinos no debemos sentirnos acomplejados por nuestra forma de hablar. «Yo reivindico nuestra habla. No debemos sentirnos ni mejor ni peor que los catalanes o los vascos, por ejemplo. Nuestra forma de expresarnos es algo que nos identifica y, de alguna forma, por eso hay que estar orgulloso».

Alfredo dice que comenzó esta tarea de recoger términos y palabras granaínas como una diversión. «Al principio tenía quince o veinte. Poco a poco fue engordando el texto hasta que tuve muchas». El pasado año vio que la editorial Almuzara había publicado un diccionario del habla sevillana y otro del habla cordobesa, y se animó a enviar su texto a la citada editorial. «No tenía nada que perder. Mi sorpresa fue que enseguida me llamaron para decirme que sí y que me pasara por allí para firmar el contrato. Hasta ahora todo ha ido redondo. Es como un sueño».

Sentimiento

En el epílogo del libro, Alfredo dice que siempre ha tenido el sentimiento «de estar marcado por el 'duende' de esta Granada en la que nació, a orillas del Darro sepultado por el urbanismo, a pocos metros de su encuentro con el Genil. Por avatares de la vida, abandoné Granada hace ya demasiados años. A partir de ese momento, dejé de vivirla físicamente, convirtiéndome en un 'exiliado sentimental', aunque no he dejado de mantener mi relación con ella en citas íntimas y reuniones familiares». Dice igualmente que su cercanía es leve, pero que su contacto mental permanece inmutable. «Esto hace que en Málaga me llamen 'el granaíno' y en Granada el malagueño. Ante esta situación, no he tenido más remedio que zanjar el dislate creando una palabra: digamos que soy 'granagueño', o sea, que tengo un pie en Granada y otro en Málaga. Más o menos en Loja están suspendidas mis… emociones».

Cuenta Alfredo que hay veces que está en Málaga y que tiene que traducir términos granadinos que allí no se conocen. Y viceversa. «El otro día paré en un bar cerca de Moraleda de Zafayona y pedí un bollo pequeño. Se lo estaba señalando al camarero cuando este me dijo: Usted lo que quiere es un 'pitufo'. Yo sabía que en Málaga y en algunas partes de Granada a estos bollos se les llama así, pero yo no los pedí con ese nombre por si el camarero no me entendía. Eso me pasa mucho. Cuando estoy por Madrid o Barcelona estoy tentado de pedir en un bar un 'pulevín de fresa', pero me expongo a que el camarero se quede flipando», dice Alfredo, que también reivindicar el humor con su diccionario.

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