Noticias del español

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| Lucila Castro
lanacion.com, Argentina
Lunes, 18 de diciembre del 2006

NADIE CRÍA PERRITOS «BEIJINGUESES»

La columna del 27 de noviembre, sobre la grafía Beijing, que han adoptado muchos medios de prensa en lugar de la forma española Pekín o Pequín, ha despertado el interés, e incluso las dudas, de muchos lectores. Vale la pena transcribir algunas cartas. Escribe la doctora Rosa F. W. de Cassin:


«Con respecto a su respuesta a la nota enviada por el señor Juan Carlos Rossi, sobre el uso de Pekín o Beijing para designar la capital de China, vi con sorpresa que en el Diccionario panhispánico de dudas(DPD), de la Real Academia Española, Beijing tiene su entrada propia, donde se remite a Pekín, pero existen ambos nombres.»

No hay razón para sorprenderse, porque el DPD no es una lista de voces canónicas y el hecho de que una palabra tenga una entrada significa simplemente que se va a tratar ese tema. En cuanto a la remisión, la flecha equivale al «ver» o «V.» habitual en las remisiones de los diccionarios: no significa necesariamente que las formas sean intercambiables (cosa que los diccionarios suelen indicar en letra negrita, sin «ver»). Pero dice el DPD en la entrada Pekín : «El nombre tradicional en español para designar la capital de China es Pekín (también, raro hoy, Pequín ). El nombre Beijing es resultado de la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino según el sistema «pinyin», desarrollado en China a partir de 1958 con el fin de unificar los diversos sistemas de transcripción del chino aplicados por distintos países. Este sistema se puso en práctica oficialmente en 1979 y es hoy mayoritariamente utilizado por las agencias de prensa. No obstante, se recomienda usar en nuestro idioma el nombre tradicional español, cuyo gentilicio es pekinés (o pequinés, si se utiliza la grafía minoritaria Pequín)».

Queda claro, en el artículo del DPD , que la Academia considera a Beijing una transcripción del chino, no un nombre español, y por eso en el apéndice con la lista de países, capitales y gentilicios pone Pekín y no Beijing . En el artículo, no rechaza expresamente Beijing , pero recomienda Pekín o Pequín (yo, personalmente, prefiero la grafía Pequín , más normalizada). Esta es una manera sutil de ser «políticamente correcto» sin cometer una barrabasada como sería recomendar la forma china en lugar de la española. Últimamente la Academia se ha convertido en una maestra de la corrección política.

Falso progresismo

Eso lo intuye Juan Luis Calbarro, que escribe desde Palma de Mallorca:

«Escribir Beijing por Pequín , Regensburg por Ratisbona, Antwerp por Amberes o al-Hoceima por Alhucemas es desconocer o menospreciar la riqueza del castellano, que es una lengua universal y por ello dispone de herramientas propias para designar numerosos lugares del mundo.

«En la Argentina no tienen este otro problema, pero si sustituimos Beijing por Lleida o Girona y Pequín por Lérida o Gerona , estamos ante otro tipo de esnobismo, en este caso de origen nacionalista. Lo malo es que en España en los últimos treinta años han querido convencernos de que lo progresista es escribir Catalunya y no Cataluña , aun cuando escribamos en castellano, y esta majadería ha calado en muchos. Qué le vamos a hacer.»

En efecto, una cosa es que se reconozcan las lenguas regionales y se usen oficialmente esos topónimos cuando se escribe en catalán, gallego o vascuence, y otra que se pretenda imponer formas de esas lenguas cuando se escribe en español (o castellano, como dice el lector). Y no porque el español sea una lengua universal, sino porque, cuando se habla o se escribe en una lengua, hay que usar, si existen, los nombres y las grafías de esa lengua. Tan correcto como usar los nombres españoles cuando se habla o se escribe en español es usar las formas catalanas en catalán. Si en catalán Castilla se llama Castella y León se llama Lleó , cuando se nombra en catalán la comunidad autónoma de Castilla y León debe escribirse Castella i Lleó , aunque el catalán no sea una lengua universal.

«El caso de Beijing es complicado —observa Carlos Scavo—. A instancias de las Naciones Unidas, los países de alfabeto latino adoptaron años atrás Beijing por Pekín , Peking o Peiping . Vale decir, la pronunciación aproximada en mandarín (no se especifican los tonos, que son tres en esa lengua). Lo que sí carece de sensatez es poner Sri Lanka por Ceilán o Mumbái por Bombay ( Ceilán y Bombay son pronunciaciones ibéricas que datan del siglo XVI, igual que Amberes por Antwerp ). Es más: en árabe Sri Lanka es Serendib (de ahí serendipity en inglés) y el nombre antiguo de la isla es Taprobana . De paso, ¿qué opina de Burkina Faso ?»

El hecho de que los países de alfabeto latino hayan adoptado la forma Beijing a instancias de la ONU no significa nada: ni la ONU es una autoridad lingüística ni los gobiernos de los países lo son. Curiosamente, a nadie se le ocurrió pedir que se cambiara el nombre China (ni otros parecidos en otras lenguas europeas) por el nombre chino de ese país, que en pinyin se escribe Zhônghuá Rénmín Gònghéguó y es evidente que no tiene ninguna relación con la palabra China .

Como apunta Scavo, muchas de las formas que se pretende desechar son muy antiguas. De hecho, algunas formas españolas son más antiguas que las de las lenguas que actualmente se hablan en esos lugares. Por ejemplo, la ciudad alemana de Colonia se llama así porque fue una colonia romana. Su nombre en español viene directamente del latín. El nombre alemán, Köln , también viene del latín Colonia , pero la forma española es más antigua y no tendría sentido cambiarla por la alemana.

Los casos como el de Burkina Faso (antes, Alto Volta ) son diferentes. Muchos países que se independizaron en el siglo XX cambiaron sus nombres y otros topónimos como una forma de afirmar su independencia. Burkina Faso no es una traducción ni una adaptación de Alto Volta (el Volta es un río), sino un nombre completamente diferente que en lengua mosi significa 'Tierra de la Dignidad' . En estos casos corresponde usar los nombres nuevos.

Incluso, algunos nombres coloniales homenajeaban a los antiguos opresores, como el de las dos Rodesias, llamadas así por Cecil Rhodes. Sería un insulto para Zambia y Zimbabue no respetar sus nombres actuales.

Pero el cambio de nombre de un Estado no significa necesariamente el cambio de nombre de un país o una nación. Para los alemanes la nación alemana es Deutschland y para los hispanohablantes es Alemania (una palabra de origen diferente). Cuando el Estado alemán se organizó como república federal, tomó el nombre oficial de Bundesrepublik Deutschland , que en español se tradujo, correctamente, como República Federal Alemana o República Federal de Alemania , pero Deutschland siguió siendo Alemania y hubiera sido un disparate empezar a llamar a ese Estado * República Federal de Deutschland .

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