Noticias del español

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María Luisa García Moreno

Revista Pionero, Cuba,

Abril, 2012

MODAS Y PALABRAS


Hace un tiempito, en una entrevista realizada en un programa humorístico de la TV, un joven cantante de moda expresó refiriéndose a la música popular y a sus intérpretes: «Tenemos la posibilidad de implantar modas y palabras». Y, en verdad, tiene toda la razón del mundo. 


La música popular, como las frases hechas de los humoristas, siembran una profunda huella entre los hablantes y, en particular, entre ustedes, los más jóvenes. Sin embargo, esas ideas esgrimidas ante las cámaras de la televisión no expresaban el peso de tamaña responsabilidad.

Lamentablemente, hay que reconocer que buena parte de la música popular actual, en especial la dirigida a ustedes, podrá ser muy sabrosa, pero no se caracteriza por la belleza de los textos; por el contrario, la vulgaridad y la chabacanería marcan las letras de las composiciones de algunos intérpretes de moda.

La música popular y, en particular la bailable, por lo general introduce, sobre todo en sus estribillos, un lenguaje más coloquial e informal. Pero si repasamos la labor de nuestras agrupaciones de siempre —Aragón, Benny Moré, Adalberto Álvarez y su son, Van van, Juego de manos, Moncada y un largo etcétera— podemos apreciar que en sus textos, lo coloquial e informal no equivale a vulgar y grosero. Estas y otras importantes agrupaciones cubanas, se han modernizado al ritmo de la vida y cuentan con el aprecio de la juventud, que las sigue en sus múltiples presentaciones.

Siempre ha constituido una preocupación la forma en que se expresan los jóvenes, pues, con esa rebeldía natural que los caracteriza, imponen un modo sui géneris de comunicarse, un tanto irreverente y desperjuiciado. En situaciones informales de comunicación —fiestas, paseos, reuniones, recesos…— comparten con sus iguales y para ello utilizan una especie de «jerga».

No es que los jóvenes, por el hecho de serlo, traten de diferenciar su lengua de la común; es que son diferentes y esa jerga responde a necesidades comunicativas propias de su edad. Luego, en la medida en que comienzan su vida laboral, la mayor parte de ese vocabulario va quedando atrás de un modo natural e inconsciente, pues entran en un mundo donde coexisten personas de varias generaciones y eso los obliga a expresarse con más formalidad.

Sin embargo, el límite entre una fraseología simpática y ocurrente y la vulgaridad suele ser muy peligroso. Nuria Gregori, directora del Instituto de Literatura y Lingüística, ha manifestado que cuando alguien «se expresa de una manera chabacana o vulgar», eso no es más que “la expresión de su conducta social a través del lenguaje”. La forma en que hablas trasmite la imagen de lo que eres; no lo olvides, joven cubano.

La lengua que hablamos —lo he dicho muchas veces— nos define como nación, y por ello debemos protegerla con la misma pasión con que defendemos nuestra patria cada día de nuestra vida, porque el idioma es también una bandera. 

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