Noticias del español

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| Emilia Pereyra
elcaribecdn.com, República Dominicana
Viernes, 1 de agosto del 2008

«MIEMBRA» O MIEMBRO

En nuestros lares se insiste en que utilicemos un lenguaje no sexista y que en nuestras conversaciones no ignoremos al género femenino, lo cual está muy bien, pero con esto hay que tener mucho cuidado


Está bastante de moda hablar sobre temas relativos a la violencia de género, con lo cual se suele aludir a los ataques que padecen muchas mujeres, de parte de parejas, ex parejas y hasta de aspirantes a serlo.

Pero acontece que la Real Academia de la Lengua precisa que en castellano se debe decir «violencia doméstica» o «violencia sexual».

El especialista Avelino Alonso explica en un artículo, recientemente difundido por www.elcastellano.org, que hablar de «violencia de género» es traducir mal el término inglés gender que en español se aplica sólo a las cosas.

Acota que el inglés carece de género gramatical y que la expresión mimética de sus expresiones conduce a ciertas aberraciones.

A modo de ejemplo, muestra que la expresión «violencia de género» es la traducción literal de «gender violence», pero que el término gender no se puede traducir por género, si no en todo caso por sexo, por lo que sostiene que el término correcto sería «violencia doméstica» o «violencia sexual».

En nuestros lares se insiste en que utilicemos un lenguaje no sexista y que en nuestras conversaciones no ignoremos al género femenino, lo cual está muy bien, pero con esto hay que tener mucho cuidado.

En círculos feministas, escuchamos con frecuencia la palabra «miembra», que no sólo no existe en el diccionario sino que además rechina en nuestros oídos.

Yo suelo resolver el asunto diciendo o escribiendo «los integrantes y las integrantes» de tal organización aunque tenga que repetir la palabra.

Precisamente, Alonso hace una crítica a la ministra española de Igualdad, y según dice, ella ha hecho un uso incorrecto del lenguaje por utilizar el término «miembra».

Resalta que la moda de utilizar un lenguaje «políticamente correcto», inspirado por los principios de un feminismo integrista de raíz anglosajona, llena el lenguaje cotidiano de perversiones.

«Recientemente asistí a una asamblea en la que el orador utilizaba el término nosotras para referirse a la totalidad del auditorio, yo miraba para un lado y para otro, y comprobaba que había una proporción igual de hombres y mujeres.

Atónito ante esta circunstancia, pregunté las razones de esa forma de hablar.

La respuesta fue más sorprendente: el orador se refería a las personas, por lo que, como es femenino, debía decir nosotras las personas».

Un tema peliagudo que nos dará materia para muchas reflexiones y enmiendas.

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