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| Miguel Ángel González
laopinion.es, España
Miércoles, 22 de julio del 2009

MERDELLÓN

He leído recientemente que el Ayuntamiento de Málaga ha decido multar a las personas que deambulen por la ciudad en ropa de baño. No voy a entrar en la idoneidad o no de la medida, pero si quiero abundar en la palabra con la que designan por aquellos lares a dichos individuos: merdellones.


Nada más leer esta palabreja, se abrió ese compartimiento secreto que mi memoria suele tener atascado y apareció la imagen de mi padre, recriminándonos a mis hermanos y a mí, en tono cariñoso, por el hecho de regresar de la calle sucios de tierra hasta los ojos, como era de rigor. «Vaya una pandilla de merdellones», nos decía. Han pasado más de cuarenta años y no sé en que momento tal palabra desapareció de nuestro vocabulario, por lo que, haberla recuperado ha sido una pequeña alegría.

No existe acuerdo sobre el origen de la palabra merdellón. Si bien la tradición popular explica que proviene de merde de gens (mierda de gente) refiriéndose a una frase que, los franceses que recalaban en el puerto malagueño, allá por los siglos XVIII y XIX, utilizaban para designar a la gente pobre y sucia que deambulaba por los muelles.

Por otro lado, la versión oficial que da la Real Academia Española a través de la 22ª edición de su diccionario, la hace derivar del italiano antiguo merdellone: merdoso, criado que sirve con desaseo. Si bien su pronunciación mer-del-lone se aleja más de la nuestra que la francesa en la propuesta popular. También existe la posibilidad de que llegara a las Islas por boca de marineros normandos en tiempos de la conquista, o tal vez, siglos más tarde, de marineros andaluces que arribaran también a nuestras costas. De una u otra manera, así como nos quedaron creyón o folelé, también pudo quedarnos merdellón ¿O no?

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